Usted podría ser alevosamente sensual, alevosamente serio, alevosamente malo, alevosamente bueno, alevosamente fuerte, alevosamente escandaloso, alevosamente silencioso, alevosamente tímido, alevosamente grosero, alevosamente seguro, alevosamente errante, alevosamente tierno, alevosamente rudo, alevosamente ordinario e incluso hasta alevosamente feo.
Podría ser cualquier cosa siempre que lo fuera sin un dejo de resignación. Siempre que tuviera el descaro, la desfachatez y la desvergüenza propios de la alevosía, usted atraería irresistiblemente incluso, especialmente, a quienes no comprendan ese nosequé.
jueves, 24 de abril de 2014
miércoles, 19 de marzo de 2014
Qué bueno que soy fea
Hoy llamó un cliente por teléfono. Uno de esos hombres confiados que se mueven por el mundo como si fuera un territorio que les pertenece. Me habló, me hizo un chiste y un par de horas después se apareció por la oficina. “Vos sos la vocecita sexy que contesta el teléfono” sentenció con suficiencia mientras desparramaba su mirada por mi cuerpo con la certeza del que no tiene que pedir permiso para nada. Más tarde, vinieron a decirme que el tipo era dueño de varias empresas, que tenía mucha plata, que estaba recién divorciado y que había preguntado por mí. ¿Estás soltera? Me preguntaron. Si vos, siendo extranjera, estás sola, es porque querés. Aprovechá.
Me hirvió la sangre, no puedo mentir. El ser extranjera me puso en una posición en la que no había estado jamás en mi vida: me convirtió en trofeo. Pensé en todas las mujeres perfectas que andan por el mundo siendo tratadas como trofeos, como cosas que se pueden comprar. ¿Se darán cuenta de que las están tratando así? Qué bueno que soy fea. Pensé. Qué bueno que después de 27 años de habitar este planeta, sea esta la primera vez que me siento tratada como un objeto.
Qué bueno que a los 15 años me dijeron que era una mujer incompleta porque tenía el pecho plano. Qué bueno que una tía sentenciara que tenía la tragedia de no haber desarrollado cintura. Qué bueno que anularon mis esperanzas de tener el cuerpo perfecto porque me liberaron de miles de preciosas horas encerrada en el gimnasio y me regalaron la dicha de hacer deporte sólo por diversión. Qué bueno que hace tiempo dejé de hacer dieta. Qué bueno que me puedo sentir hermosa cuando voy en bici y el viento me despeina el pelo, sólo porque sé que voy feliz.
Qué bueno que nunca aprendí a maquillarme y que ese compañero de la universidad me dijo que me vestía como una tonta. Qué bueno que destruyeron mis ilusiones de estar a la moda, de ser elegante, chic. Qué bueno que me liberaron de la responsabilidad de vestirme bien. Qué bueno que me puedo poner cualquier cosa que me parezca bonita, aunque no combine, aunque no me luzca. Qué bueno que me puedo sentir hermosa cuando sonrío con mi boca sin pintar y cuando me siento en un parque a tejer con mis manos sin manicura.
Qué bueno que nunca logré mantenerme peinada. Qué bueno que me liberaron de varias horas semanales conectada a la plancha y al secador. Qué bueno que puedo sentirme hermosa con mis raíces sin retocar, con mi melena sin alisar. Qué bueno que no tengo la obligación de pasar una hora diaria frente al espejo y puedo divertirme como una niña jugando a ser mayor cada vez que decido arreglarme un poco más para ir a una fiesta.
Qué bueno que el chico que me gustaba me dijo que me reía como una cacatúa, que me faltaba delicadeza, que parecía un machito. Qué bueno porque me liberó de la obligación de sentarme bien, de no ensuciarme, de conservar la compostura. Qué bueno que me puedo sentir hermosa cuando juego, cuando la lluvia me encrespa el pelo, cuando me tiro de cabeza al río y cuando me río a los gritos porque no puedo evitar que la risa se me derrame como un vendaval.
Qué bueno que no soy de las mujeres que atraen todas las miradas. Qué bueno que me siento en el legítimo derecho de escoger al tipo que me guste y sacarlo a bailar. Qué bueno que soy capaz de invitar a un hombre a salir. Qué bueno que sé dar el primer beso. Qué bueno que no tengo que esperar que me vengan a buscar, que me elijan. Qué bueno que puedo elegir. Qué bueno que no tengo miedo de meter la pata.
Qué bueno que todas esas personas me lastimaron y me hicieron resignar la posibilidad de ser una mujer perfecta. Qué bueno que me ahorraron 27 años de experiencias humillantes como la de hoy. Qué bueno que cada hombre que ha estado a mi lado se ha permitido hacerme reír sin temor de decir un chiste malo, bailar conmigo aunque baile mal, conversar por horas de tonterías y respetar mis silencios sin incomodidad. Qué bueno que me han dejado enamorarme de sus propias imperfecciones, de sus torpezas, de sus cicatrices con la misma equidad que ellos se enamoran de las mías. Qué bueno que no soy de aquellas mujeres que representan “una renta en perfumes y bolsos”, qué bueno que no me derriten con una frase fácil, una esquela perfumada y un carro último modelo. Qué bueno que me quitaron la esperanza de ser rescatada, porque ya no necesito que nadie me rescate.
Qué bueno que no tengo que esforzarme por ser especial, por romper un molde. Qué maravilloso haber fallado desde el principio en el importante ejercicio social de ser quien tenía que ser. Qué bueno que todas esas personas pasaron por mi vida para recordármelo y qué bueno que no se quedaron.
Me hirvió la sangre, no puedo mentir. El ser extranjera me puso en una posición en la que no había estado jamás en mi vida: me convirtió en trofeo. Pensé en todas las mujeres perfectas que andan por el mundo siendo tratadas como trofeos, como cosas que se pueden comprar. ¿Se darán cuenta de que las están tratando así? Qué bueno que soy fea. Pensé. Qué bueno que después de 27 años de habitar este planeta, sea esta la primera vez que me siento tratada como un objeto.
Qué bueno que a los 15 años me dijeron que era una mujer incompleta porque tenía el pecho plano. Qué bueno que una tía sentenciara que tenía la tragedia de no haber desarrollado cintura. Qué bueno que anularon mis esperanzas de tener el cuerpo perfecto porque me liberaron de miles de preciosas horas encerrada en el gimnasio y me regalaron la dicha de hacer deporte sólo por diversión. Qué bueno que hace tiempo dejé de hacer dieta. Qué bueno que me puedo sentir hermosa cuando voy en bici y el viento me despeina el pelo, sólo porque sé que voy feliz.
Qué bueno que nunca aprendí a maquillarme y que ese compañero de la universidad me dijo que me vestía como una tonta. Qué bueno que destruyeron mis ilusiones de estar a la moda, de ser elegante, chic. Qué bueno que me liberaron de la responsabilidad de vestirme bien. Qué bueno que me puedo poner cualquier cosa que me parezca bonita, aunque no combine, aunque no me luzca. Qué bueno que me puedo sentir hermosa cuando sonrío con mi boca sin pintar y cuando me siento en un parque a tejer con mis manos sin manicura.
Qué bueno que nunca logré mantenerme peinada. Qué bueno que me liberaron de varias horas semanales conectada a la plancha y al secador. Qué bueno que puedo sentirme hermosa con mis raíces sin retocar, con mi melena sin alisar. Qué bueno que no tengo la obligación de pasar una hora diaria frente al espejo y puedo divertirme como una niña jugando a ser mayor cada vez que decido arreglarme un poco más para ir a una fiesta.
Qué bueno que el chico que me gustaba me dijo que me reía como una cacatúa, que me faltaba delicadeza, que parecía un machito. Qué bueno porque me liberó de la obligación de sentarme bien, de no ensuciarme, de conservar la compostura. Qué bueno que me puedo sentir hermosa cuando juego, cuando la lluvia me encrespa el pelo, cuando me tiro de cabeza al río y cuando me río a los gritos porque no puedo evitar que la risa se me derrame como un vendaval.
Qué bueno que no soy de las mujeres que atraen todas las miradas. Qué bueno que me siento en el legítimo derecho de escoger al tipo que me guste y sacarlo a bailar. Qué bueno que soy capaz de invitar a un hombre a salir. Qué bueno que sé dar el primer beso. Qué bueno que no tengo que esperar que me vengan a buscar, que me elijan. Qué bueno que puedo elegir. Qué bueno que no tengo miedo de meter la pata.
Qué bueno que todas esas personas me lastimaron y me hicieron resignar la posibilidad de ser una mujer perfecta. Qué bueno que me ahorraron 27 años de experiencias humillantes como la de hoy. Qué bueno que cada hombre que ha estado a mi lado se ha permitido hacerme reír sin temor de decir un chiste malo, bailar conmigo aunque baile mal, conversar por horas de tonterías y respetar mis silencios sin incomodidad. Qué bueno que me han dejado enamorarme de sus propias imperfecciones, de sus torpezas, de sus cicatrices con la misma equidad que ellos se enamoran de las mías. Qué bueno que no soy de aquellas mujeres que representan “una renta en perfumes y bolsos”, qué bueno que no me derriten con una frase fácil, una esquela perfumada y un carro último modelo. Qué bueno que me quitaron la esperanza de ser rescatada, porque ya no necesito que nadie me rescate.
Qué bueno que no tengo que esforzarme por ser especial, por romper un molde. Qué maravilloso haber fallado desde el principio en el importante ejercicio social de ser quien tenía que ser. Qué bueno que todas esas personas pasaron por mi vida para recordármelo y qué bueno que no se quedaron.
domingo, 23 de junio de 2013
Esquizofrenia
"Lo que deberían hacer sería poner una bomba en el monte y acabar de un solo golpe con todos los guerrilleros, qué le hace si mueren campesinos, así se acaba todo el problema de una vez", fue la frase que soltó, sin ningún miramento, una persona muy allegada a mí durante alguna discusión política. Una persona quien, por sobre todas las cosas, ha sido definida por el dolor de haber padecido de forma prolongada el drama del conflicto en Colombia, encarnado particularmente en la tortura de la desaparición forzosa.
***
Nicolás Montero en la pantalla enuncia a los dos finalistas del concurso El Gran Colombiano: Garzón y Uribe. No es casualidad, pienso, que la ciencia, la literatura e inclusive la farándula hayan quedado por debajo de estos dos personajes, quienes sin duda alguna son representantes, ante todo, del conflicto armado del país. Primer asunto que me queda claro esta noche: puede ser que Colombia no tenga memoria, pero tiene entrañas, y es allí donde permanecen las huellas de la violencia. Por eso, aunque nuestra gente no entienda, no recuerde e incluso a veces no vea muchas cosas, sigue sintiendo una sola cosa: la guerra.
María Jimena Duzán al conocer los dos finalistas, definió a éste como un "país esquizofrénico", uno que manifiesta al unísono que siente y resiente los golpes de la violencia, pero cuyas dos personalidades no se ponen de acuerdo en la manera de limpiar este problema de nuestro presente. Segundo asunto claro de la noche: en ese punto central de nuestras vidas, donde habita el conflicto, habita también esa dualidad entre dos formas opuestas de verlo, entenderlo, pensarlo y combatirlo.
Y el tercer asunto que queda claro: había que elegir y Colombia eligió. No en un concurso aparentemente trivial sino en una realidad que, como todas las cosas permanentes, resulta silenciosa, como un paisaje, hasta que circunstancias como éstas que nos obligan a pensarnos, revelarnos e identificarnos, nos recuerdan que estamos lamentablemente inmersas en ellas.
En Colombia ganó la sangre que nos hierve adentro, la que conoce los embates de la violencia e instintivamente cree en ésta como la única respuesta, nuestra memoria muda no nos recuerda que aquélla siempre deja un deudo que más tarde vuelve con otro rostro a reclamar su duelo. En Colombia ganaron las tripas que decidieron reírse de sus desdichas, los oídos desoyeron las críticas serias detrás de las carcajadas y las manos ignoraron las invitaciones a la acción que proferían las propias manos activas de Garzón.
En Colombia ganaron las entrañas y perdió la memoria; ganaron los patriarcas que ofrecen soluciones unilaterales que ahorran el indeseable esfuerzo del disenso y perdió la invitación a construir soluciones colectivas y beneficiosas para las mayorías; ganaron las élites y perdió la población, hundida en su propia desidia hacia la búsqueda de alternativas duraderas para construir la paz.
Pero eso no pasó en el concurso, ni pasó hace más de 10 años cuando Uribe llegó a la presidencia, ni hace 14 años cuando manos impunes asesinaron a Garzón. Eso ha venido pasando y pasa, cada día, como una impronta indeleble de nuestra apasionada y feliz colombianidad, que necesita un caudillo que extirpe el cáncer de un solo tirón, para que podamos dejar de pensar en ese incómodo problema, aunque tenga que destruir la mitad del cuerpo y aunque sepa en el fondo, que la enfermedad ya hizo metástasis en todo lo demás.
***
Nada de lo que he dicho aquí es nuevo para nadie. Al igual que muchos, adivinaba el resultado del concurso, pero eso no evitó que el corazón se me volviera a descolgar del pecho. Me voy a la cama esta noche, con la desazón renovada que me produce el comprobar que la guerra sigue siendo el leitmotiv de este país, el que nos habita despiadadamente con cara de problema y máscara de solución.
***
Nicolás Montero en la pantalla enuncia a los dos finalistas del concurso El Gran Colombiano: Garzón y Uribe. No es casualidad, pienso, que la ciencia, la literatura e inclusive la farándula hayan quedado por debajo de estos dos personajes, quienes sin duda alguna son representantes, ante todo, del conflicto armado del país. Primer asunto que me queda claro esta noche: puede ser que Colombia no tenga memoria, pero tiene entrañas, y es allí donde permanecen las huellas de la violencia. Por eso, aunque nuestra gente no entienda, no recuerde e incluso a veces no vea muchas cosas, sigue sintiendo una sola cosa: la guerra.
María Jimena Duzán al conocer los dos finalistas, definió a éste como un "país esquizofrénico", uno que manifiesta al unísono que siente y resiente los golpes de la violencia, pero cuyas dos personalidades no se ponen de acuerdo en la manera de limpiar este problema de nuestro presente. Segundo asunto claro de la noche: en ese punto central de nuestras vidas, donde habita el conflicto, habita también esa dualidad entre dos formas opuestas de verlo, entenderlo, pensarlo y combatirlo.
Y el tercer asunto que queda claro: había que elegir y Colombia eligió. No en un concurso aparentemente trivial sino en una realidad que, como todas las cosas permanentes, resulta silenciosa, como un paisaje, hasta que circunstancias como éstas que nos obligan a pensarnos, revelarnos e identificarnos, nos recuerdan que estamos lamentablemente inmersas en ellas.
En Colombia ganó la sangre que nos hierve adentro, la que conoce los embates de la violencia e instintivamente cree en ésta como la única respuesta, nuestra memoria muda no nos recuerda que aquélla siempre deja un deudo que más tarde vuelve con otro rostro a reclamar su duelo. En Colombia ganaron las tripas que decidieron reírse de sus desdichas, los oídos desoyeron las críticas serias detrás de las carcajadas y las manos ignoraron las invitaciones a la acción que proferían las propias manos activas de Garzón.
En Colombia ganaron las entrañas y perdió la memoria; ganaron los patriarcas que ofrecen soluciones unilaterales que ahorran el indeseable esfuerzo del disenso y perdió la invitación a construir soluciones colectivas y beneficiosas para las mayorías; ganaron las élites y perdió la población, hundida en su propia desidia hacia la búsqueda de alternativas duraderas para construir la paz.
Pero eso no pasó en el concurso, ni pasó hace más de 10 años cuando Uribe llegó a la presidencia, ni hace 14 años cuando manos impunes asesinaron a Garzón. Eso ha venido pasando y pasa, cada día, como una impronta indeleble de nuestra apasionada y feliz colombianidad, que necesita un caudillo que extirpe el cáncer de un solo tirón, para que podamos dejar de pensar en ese incómodo problema, aunque tenga que destruir la mitad del cuerpo y aunque sepa en el fondo, que la enfermedad ya hizo metástasis en todo lo demás.
***
Nada de lo que he dicho aquí es nuevo para nadie. Al igual que muchos, adivinaba el resultado del concurso, pero eso no evitó que el corazón se me volviera a descolgar del pecho. Me voy a la cama esta noche, con la desazón renovada que me produce el comprobar que la guerra sigue siendo el leitmotiv de este país, el que nos habita despiadadamente con cara de problema y máscara de solución.
martes, 5 de febrero de 2013
Irse
"Todo lo que viene, se va. No trates de retenerlo. Di sí a todo lo que viene y sí a todo lo que se va"
AJ
AJ
A riesgo de sonar loca, me atrevo a decir que nuestra cultura tiene una desafortunada obsesión con la estabilidad, la permanencia y los planes a largo plazo. En alguna ocasión le comenté a una mujer mayor, a mi juicio muy sabia, que yo ya llevaba 3 años dictando clase en una misma universidad y más de 4 años de relación con el novio de turno. Me dijo: "eso habla muy bien de ti". Yo saqué pecho.
Pocos meses después me retiré de la universidad y la relación con ese novio terminó, obligándome a replantear mis planes futuros y preguntarme: ¿qué es lo próximo que quiero hacer? Con terror, por decir lo menos, descubrí que no tenía ni la menor idea de qué quería hacer en el año siguiente, ni en el otro, ni el de más allá. Sencillamente no sabía hacia dónde ir. Por lo pronto, pensé, debía satisfacer mis expectativas más inmediatas: quería irme a vivir sola y conseguirme algún trabajo. Eso, con exactitud, fue lo que hice. Y me hizo muy feliz.
Sin embargo, el fantasma de la permanencia me perseguía: comencé a buscar con desesperación planes para llenar mi agenda de los siguientes 10 años, pero no los encontré. Me preocupé: ¿cómo puede hacer uno para proyectarse si no sabe cuáles son sus sueños?, ¿cómo podría discernir entre un sueño y una simple idea vaga en mi cabeza?, ¿tenía que experimentar algún síntoma físico (mariposas en el estómago, por ejemplo) para saber que había encontrado mis verdaderos sueños?
Ante mi incapacidad de "proyectarme hacia el futuro", sentí que estaba en verdaderos problemas y acudí llorando a una psicóloga, explicándole con angustia: creo que tengo un temor oculto a comprometerme con cualquier cosa, sea una relación, un trabajo, la compra de una casa, un carro o simplemente unos tiquetes para un viaje dentro de tres meses.
Estaba aterrorizada cuando renuncié a Teleantioquia tras sólo 5 meses, cuando me fui de Feeling Company después de ínfimos 3 meses, cuando decidí no comprar boleta para ver a Madonna desde marzo porque no sabía dónde estaría cuando se hiciera el concierto en noviembre. ¿Cuál sería mi problema? ¿Qué trauma antiguo o reciente me impedía comprometerme? Lo peor, es que eso de los plazos cortos no era una novedad en mi vida. Era un asunto de siempre.
¿Permanecer o irse?
Cuando terminé la universidad comencé a notar que mis compañeros estaban emprendiendo sus propios proyectos de vida: casándose, creando empresa, estudiando posgrados. Seguramente, pensé, al haber alcanzado una meta a largo plazo como terminar los estudios, necesitaban plantearse una nueva para tener otra vez un motivo serio para aferrarse a la vida. Pero a mí no me pasaba lo mismo, de hecho, me costaba entender cómo me había planteado mis metas académicas y las había cumplido, puesto que eran plazos largos.
Además, noté que algunos de ellos iban recolectando una serie de años de experiencia laboral en empresas que no les brindaban oportunidades de crecimiento, y que por el contrario a veces les coartaban su desarrollo personal y/o económico. Mientras tanto, yo seguía acumulando experiencias breves, unas más y otras menos satisfactorias, y preguntándome ¿qué hay de malo en mí?
Sin embargo, en cierto punto de mi terapia con la psicóloga, luego de terminar de hablar de mis posibles traumas del pasado, comencé a hablar de mi vida presente y descubrí que era absolutamente feliz a pesar de mi falta de permanencia y planes a futuro: mi "hoy" era suficientemente satisfactorio como para estar pensando ¿qué voy a hacer mañana?
La obligación de permanecer
Entonces descubrí que en ese momento de mi vida, yo, desde el fondo de mi corazón, no tenía ninguna meta personal. El problema era que me preocupaba no cumplir con ese ideal socialmente impuesto de tener que casarme, vincularme a una empresa hasta la jubilación o comprarme una casa, en una sociedad donde eso de no planificar el futuro se asocia a irresponsabilidad, falta de seriedad, etc.
Después de ser consciente de eso, entendí que mi problema no era que no tuviera sueños, sino que los estaba buscando en el lugar equivocado: en cosas enormes en el futuro, cuando mi felicidad estaba en pequeñas cosas del presente, como una tarde al sol, un paseo a Guatapé (que queda a sólo dos horas), una escena impactante de una película, llegar al final de un libro o estrenar una olla nueva en mi apartamento de soltera.
Lo curioso, es que al ser consciente de la inmensa satisfacción que me brinda el presente, pude comenzar a hacer planes para mi futuro inmediato como permanecer otra temporada en la empresa donde me gusta trabajar o ahorrar para un viaje más largo dentro de un par de meses. ¿Y qué voy a hacer en dos años?, ¿o en cinco? No me pregunten, porque todavía no sé.
Un día a la vez
Quiero aclarar, antes de terminar, que no estoy haciéndole una apología a dejar los proyectos a medias o a vivir improvisando. Más bien, ésta es una invitación a no dejar nunca de preguntarnos si realmente estamos viviendo lo que deseamos en todos los ámbitos. Una vida estable no necesariamente es una vida feliz y cuando nos acomodamos en esa zona de confort que nos proporciona lo permanente, es posible que perdamos lentamente y sin notarlo cosas aún más preciadas y luego, al mirar atrás, veamos cuánto tiempo de nuestra vida desaprovechamos por permanecer "estables" en algo que no nos gustaba pero que no nos atrevíamos a dejar.
Epílogo
Según ciertas interpretaciones, soñar con morir no presagia la muerte sino el final de un ciclo y el inicio de una nueva vida. Cuando una etapa de nuestras vidas muere, otra nace. Por eso, lo importante a fin de cuentas es qué tan felices somos donde estamos y no cuánto tiempo logramos quedarnos.
*Este post va con dedicatoria a mi amiga Adriana Cano, por su capacidad de permanecer, pero también de saber irse a tiempo; de planear, pero también de improvisar.
jueves, 5 de julio de 2012
¿Alguien me dijo gorda?
La indignación del día vino hoy por cortesía de un artículo de Alejandra Azcárate publicado en Aló Mujeres donde la actriz expone, de manera sarcástica y despectiva, las siete ventajas de ser gorda, generando una fotografía de lo patético y lastimero que puede resultar estar pasada de kilos. Acto seguido, Maria Camila Vera, responde con otro artículo muy serio y limpio de sarcasmos, donde expone por qué ser gorda no es un problema y cómo todo lo expuesto por La Azcárate no pasa de ser una mala burla basada en estereotipos inútiles.
Sin embargo, aunque concuerdo en muchos aspectos con Maria Camila, a mi modo de ver están igual de cojas las dos versiones que estas dos mujeres nos proponen sobre la gordura, porque nos están midiendo la felicidad en indicadores de cantidad de novios, escala de amantes, índice de amigas envidiosas, promedio de caballeros que nos abren la puerta y nos corren la silla, tipologías de ropa que podemos usar, etc.
Entonces, si entendí bien ¿lo que me proponen es que seré más feliz si tengo más amigas, novios o amantes?, ¿si puedo usar más ropa? o ¿si la gente se porta mejor conmigo porque les parezco atractiva? Ustedes disculparán, pero a mi modo de ver, estamos perdidas si medimos la felicidad de esa manera, porque en cualquiera de los dos casos estaríamos esperando aprobación de los demás para ser como somos, una suerte de palmada en la espalda que diga "tranquila que gordita también eres deseable". Y la cosa no es así. No puede ser así.
De ser así, nuestra felicidad estaría siempre condicionada a la subjetividad de los demás y a los parámetros que la moda imponga en el momento, lo cual implica que sólo haya un modelo de belleza y que necesariamente un porcentaje de la población tenga que ser inevitablemente infeliz porque no puede (o no quiere) adherirse a ese modelo. Y desafortunadamente, así es para muchas mujeres, en efecto.
Les puedo contar que yo pasé por los dos extremos: fui talla 6 y talla 16, por eso sé que se puede sufrir por igual siendo flaca o siendo gorda cuando los problemas están en el interior, y que esos problemas no se resuelven adaptándose a ningún modelo físico, sino rompiendo el modelo mental. Hay que tomarse el tiempo para conocerse, mirarse en el espejo sin compararse con nadie y poder decir "me gustan mis ojos, mis piernas, mis manos" y por supuesto también "no me gusta mi uña del dedo meñique del pie derecho" y ver qué hago para mejorar ese defecto, para aproximarme lo más que pueda a mi propio ideal de belleza.
Alguien me dijo una vez, que para que una mujer pudiera ser realmente sexy tenía que comenzar por conocerse profundamente a sí misma y así poder exteriorizar con plenitud su esencia y mostrar sus cualidades particulares al mundo. Finalmente, cuando nos conocemos objetivamente, no esperamos lo que nos diga el exterior acerca de nosotras mismas sino que hablamos nuestro propio lenguaje con el cuerpo, e indudablemente la energía que proyectamos nos traerá a cambio las mejores experiencias e inclusive hasta la mejor ropa y la mejor comida, sólo por el hecho de que somos plenas con lo que somos.
¿Y La Azcárate?
Al final de esta historia, lo que menos viene importando es el papel que juega Alejandra Azcárate. Claramente ella interpreta un papel irreverente en nuestra farándula criolla que no tiene nada de relevante. Es como la mala de la novela, esa que da el mal ejemplo, esa que la gente no quiere pero que no pasa de ahí: de ser un mero personaje, una caracterización nada más.
Lo importante aquí es reconocer que los problemas que nuestra sociedad tiene con la estética femenina no son responsabilidad de Alejandra Azcárate ni de ninguna otra actriz o modelo. Al contrario, ellas también son víctimas.
Me parece que en lugar de indignarnos por lo que ella dice en voz alta, debemos reconocer que muchos decimos cosas en voz baja de los gordos, las narices, las gafas, la ropa y los huesos de los demás. Acá lo clave es que nos preguntemos: ¿cómo hacemos para que nuestras mujeres puedan desarrollar una mirada diferente e individual de la estética propia y la de las demás?
lunes, 31 de octubre de 2011
De "mandamientos" y libertades
Hoy me encontré en una de mis redes sociales una imagen que llamó mi atención y con la cual me identifiqué de inmediato. En ésta, una mujer miraba seria y fijamente a la cámara y junto a ella una frase enunciaba: "Nunca arriesgaré mi salud por alcanzar un estereotipo de belleza".
Luego noté que ésta imagen hacía parte de un álbum titulado "Mandamientos de la mujer" y continué observando todos los demás. Lo curioso, es que una vez le dí la vuelta al álbum completo y llegué a la imagen por la que había comenzado, mi sentimiento hacia ella cambió, me di cuenta de que esa misma frase vista con ojos de "mandamiento" era diferente y me llevó a preguntarme: ¿entonces quienes decidan someterse a una cirugía riesgosa para alcanzar un estereotipo, son menos mujeres que yo? En ese momento comprendí que cuando vemos las cosas con cara de obligación, de regla, o de "mandamiento", cambian completamente.
Siguiendo las imágenes, encontré que hacían parte de una iniciativa de la marca de ropa interior Vicky Form, que tenía como objetivo recoger aportes de cientos de mujeres para "encontrar las nuevas reglas por las cuales queremos regirnos y comportarnos" y debo decir que aunque me parecen loables tanto la intención como los aportes de las mujeres que participaron, al dar con ellos tuve algunos sentimientos encontrados que expreso a continuación.
De "mandamientos" y libertades
"Libertades", ese concepto tan difuso y a la vez tan indispensable por el que tantas mujeres lucharon a lo largo de la historia. Libertad para votar, trabajar, vestir, amar, estudiar, creer, crear y muchas otras posibilidades de las que muchas damas no son conscientes y que aún muchas otras aún no han obtenido a pesar del cambio de los tiempos y de los enormes esfuerzos. Tanto que nos falta por decir y aprender acerca de las libertades femeninas y aún así ¿resultamos hablando de nuevas reglas?
A mi modo de ver, es absurdo que hayamos luchado tanto por libertades para que ahora en lugar de hablar en clave de "derechos", lo estemos haciendo en clave de "mandamientos". Con campañas como ésta, el mensaje que se envía no es que las mujeres somos libres, sino que ahora tenemos obligaciones diferentes frente a la sociedad.
Algún lector podrá decir que se trata sólo de una cuestión de lenguaje pero que el objetivo sigue siendo expresar los derechos que para nosotras son indispensables. Sin embargo, opino que en casos como éste el lenguaje es realmente expresión del sentir de un sector de la sociedad: que la mujer contemporánea debe estar a la altura de los derechos obtenidos y tiene que comportarse obligatoriamente en consecuencia con ellos.
Que si las feministas lucharon para que pudiésemos trabajar, tenemos la responsabilidad de hacerlo; que si hemos ganado libertades sexuales, tenemos que hacer uso de ellas, o que el hogar no puede ser el centro de nuestras vidas, por poner algunos ejemplos. Pero si una mujer desea ser ama de casa, si desea vivir conforme a determinados dogmas que aprendió, si decide que el hogar sea el centro de su vida ¿no tiene también la libertad de hacerlo?
No podemos caer en el error de confundir la lucha por obtener nuevas libertades, con el esfuerzo por llevarle la contraria a todas las obligaciones de las cuales hemos ido logrando desligarnos a lo largo de la historia. La libertad está profundamente ligada a la diferencia, a la individualidad, por eso no es justo que nos permitamos nuevas normas, nuevos mandamientos que busquen uniformarnos otra vez, aunque sea en el lado opuesto.
Yo, personalmente, admiro a la mujer que por voluntad propia decide dejar su trabajo para dedicarse a sus hijos, así como admiro que a la que decide no casarse y pasarse la vida recorriendo el planeta; respeto a la mujer que decide hacerse una lipoescultura aunque sepa que corre un riesgo, igual que a la que se pasa la vida entera en tenis y sin una gota de maquillaje. Nosotras, siempre que lo hagamos con plena convicción, tenemos derecho a decidir cuáles son las libertades y responsabilidades que asumimos frente al mundo que nos rodea y no por eso somos más o menos mujeres.
Por ser mujeres no estamos obligadas a ser sumisas o a vivir bajo represión, pero tampoco bajo la presión social de tener que asumir unas normas nuevas por mucho que otras las hayan luchado. Nosotras tenemos el derecho a decidir por voluntad propia en dónde está nuestra realización personal y así como hace décadas hubo quienes lucharon para deshacerse de las presiones existentes, yo exijo hoy ¡por favor, no nos pongamos presiones nuevas!
Desde mi punto de vista, esta campaña sería ideal si no hablara de "Los 10 mandamientos", sino de "Las 10.000 libertades" y comenzaría por cambiar la frase que mencioné al comienzo, transformándola en una libertad y no una obligación: "Soy libre para amar mi cuerpo tal y como es, más allá de los estereotipos de belleza".
domingo, 23 de octubre de 2011
Las maravillas de una vida sencilla
Esta noche leí un post donde Jorge Montoya nos comparte una lista de sus placeres sencillos. Al hacerlo, descubrí que llevo un buen tiempo meditando sobre mi propia lista y haber leído la de otra persona sólo consiguió que ésta se desbordara de mi cabeza y me condujera, como hace tiempos no me pasaba, al placer de escribir con una enorme urgencia de hacerlo. En fin, aquí va:
- Ver la luz del sol entre las hojas de los árboles
- Cantar a todo pulmón, con voz voluntariamente desafinada
- Llorar viendo una película
- Llorar de felicidad o de risa
- Escuchar las ocurrencias de los niños pequeños
- Cocinar pastas de tornillitos
- Sentarme con los pies montados en la silla
- Mirar las luces de la ciudad por las noches
- Mirar las estrellas y pensar que el Cinturón de Orión me pertenece
- El olor del frío de la noche en Bogotá y el olor del jazmín de noche en Medellín
- Ver el paisaje cuando viajo por carretera
- Conversar por horas sin sentir el paso del tiempo
- Encontrar la palabra precisa en el momento preciso
- Escribir cuando me surge la urgencia de hacerlo
- La complicidad: una patadita debajo de la mesa, un guiño, un gesto
- Las veces que mi mamá utiliza algún término juvenil/coloquial aprendido de mi hermano y de mí
- Contar historias, aunque sepa que los demás no quieren escucharlas y escribir, aunque sepa que nadie va a leer
- Reírme y sonreírme a solas
- Sentir mariposas en el estómago y verlas recorrer mi espalda
- La extraña nostalgia que siento al terminar un libro
- Un café caliente
- Encontrar el número 22 en todo
Y reservo un lugar especial a mis placeres más amados:
- Ver y oler la lluvia
- Escuchar la misma canción durante horas
- Despeinarme
- Bailar
- Andar descalza
- Despeinarme bailando descalza
- Los cielos azules, los cielos grises, pero fundamentalmente los atardeceres rojos, anaranjados, amarillos
Uno se pasa la vida soñando con grandes cosas, pero si nos fijamos, incluso la felicidad de los grandes logros está realmente en los detalles que los acompañan. He ahí la maravilla de una vida sencilla.
Epílogo
Tras terminar mi lista recordé un fragmento de El Principito:
"Las personas mayores aman las cifras. Cuando les hablas de un nuevo amigo, jamás te preguntan sobre lo esencial. Jamás te preguntan: '¿Cuál es el sonido de su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Colecciona mariposas?'. En cambio, indagan: '¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos son? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?'. Solamente entonces creen conocerle."
Este fragmento me recuerda que a veces en el afán de construirnos un futuro y una vida de adultos nos convertimos en esas "personas mayores" e ignoramos involuntariamente las cosas simples, las esenciales. Como que lo valioso de un trabajo son las pequeñas satisfacciones y las risas con los compañeros; como que lo maravilloso de una casa no es su valor o sus acabados, sino los momentos que vivimos en ella; como que los pequeños incidentes de la vida se terminan convirtiendo en anécdotas y cuando nos sentimos plenos acabamos disfrutando el camino más que el destino mismo.
jueves, 27 de enero de 2011
De redes sociales y espejismos mediáticos
Considero oportuno un análisis del fenómeno de la llamada Ola Verde, suficiente tiempo después de las elecciones presidenciales, como para que se haya enfriado, y suficiente tiempo antes de las elecciones regionales, como para que no se haya vuelto a calentar.
Estoy de acuerdo en que la Ola Verde fue un gran fenómeno electoral, centro de una controversia igual de grande: si el movimiento era tan masivo ¿por qué no se vio reflejado en los resultados electorales? Por poner un caso, Mockus tenía en Facebook más de 800.000 fans mientras Santos llegó en su mejor momento a 500.000. Sin embargo, los resultados de las elecciones (como todos sabemos) no reflejaron esa proporción.
Desde mi punto de vista el error de los medios de comunicación, fue tomar a las redes sociales como una masa representativa de la sociedad cuando realmente NO lo eran. La dinámica de la web en Colombia ocurre en pequeños grupos sociales que pertenecen a ciertos niveles económicos, sociales, académicos y profesionales que NO son asimilables a toda la sociedad colombiana.
En Colombia existían alrededor de 11 millones de personas en Facebook a noviembre de 2010, mientras el censo electoral era de casi 30 millones. Si a eso le recortamos los usuarios repetidos, falsos, los inactivos y los menores de edad, tendremos que reconocer que mucho menos de una tercera parte de los colombianos que votan, estaban representados en las cifras de las redes sociales.
Actualmente se dice que Santos ganó gracias a que endureció su estrategia de redes sociales, una falacia. Si esto fuera así ¿por qué no aumentaron sus seguidores en Twitter ni sus fans en Facebook? ¿Por qué en cambio ganó las elecciones con tanta diferencia? Yo creo que la conclusión de los medios fue errada: la estrategia de Santos no funcionó, ni la Ola Verde estaba formada por menores de edad, simplemente el fenómeno fue inflado.
Lo que sí es cierto, es que hay un fenómeno muy interesante que considerar allí, que si bien no es definitivo ni decisorio para nuestro país, tiene el potencial para llegar a serlo.
Además hay algo adicional que vale la pena analizar: la Ola Verde fue un movimiento sumamente emocional, a veces carente de argumentos (para mi pesar). Una pregunta que vendría al caso sería: ¿esto se debe al hecho de que este movimiento surgiera de la inmediatez de las redes?, probablemente sí.
Con miras a las elecciones regionales
Este texto, pretende ser un llamado de atención para el Partido Verde, para los votantes y para los medios de comunicación masivos. No podemos permitirnos como ciudadanos caer nuevamente en la inflación de los datos de las redes sociales, no podemos como votantes decidir ni opinar según las opiniones de los analistas contratados por los medios de comunicación, sin analizar a fondo.
Y finalmente, no podemos como Partido Verde, permitir que la emotividad y el carácter masivo de las redes sociales nos lleve por un camino sin argumentos, cuando efectivamente los tenemos y es justamente en estos medios donde podemos compartirlos y alimentarlos.
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lunes, 13 de diciembre de 2010
La comunicación de nuestro olvido
Supongo que a muchos comunicadores les pasa lo que a mí: entramos felices a la universidad, pensando en periódicos, cámaras y micrófonos; pero nos damos en las narices con la antropología, la sociología y la sicología, luego de que el colegio nos sembrara la aversión a las ciencias sociales. Al menos a mí me pasó, aunque tuve la fortuna de enamorarme de mi carrera en cuestión de días.
Quienes deciden estudiar comunicación (lo sé porque cada semestre recibo una nueva camada de primíparos en la universidad) por lo general tienen motivos relacionados con los medios masivos de comunicación, la producción audiovisual, su talento para redactar, sus ambiciones poéticas, su don de gentes o inclusive, su aversión a las matemáticas. Pero rara vez se escucha un joven con curiosidad social en el sentido de observar y comprender las maravillosas e intrincadas dinámicas de la comunicación directa.
Y la cosa se pone peor. Luego en el pénsum aparecen las comunicaciones estratégicas, el mercadeo y las tan anheladas cámaras de televisión, asesinas, muchas veces, de la mirada natural y transparente que pueden tener las personas hacia su realidad.
Entonces, sufrimos la metamorfosis: exigimos pulcritud en la redacción y la ortografía, tomas limpias y sin manos temblorosas; expresión oral impecable y factura de concurso. Todo lo anterior es maravilloso, pero nos hace olvidar la comunicación de la vida, la que comenzó todo este rollo en el que estamos: el lenguaje de señas de los sordos, la redacción curiosa de los nombres de los locales del centro, las grabaciones caseras y las jergas callejeras.
Entonces filtramos. Sacamos lo feo, lo que no tiene factura, lo que chilla, lo mañé. Ninguna de esas expresiones tiene derecho a salir en un medio, "ni más faltaba", menos a ser mostrada, salvo en YouTube para burlarnos de ellas en las noches de amigos.
Pero olvidamos que todas esas cosas son manifestaciones de nuestra cultura, y más aún, de los torrentes de sentido que corren por los verdaderos y auténticos canales de comunicación, que no son otra cosa que la expresión de la naturaleza humana.
La asepsia que perseguimos en el lenguaje escrito, gráfico y audiovisual, lava los colores verdaderos de nuestras casas, los sabores de nuestras palabras y los olores de nuestras gentes, y lo peor, limita las memorias que sobre el presente le dejamos al futuro.
Una ventana
Obviamente, con lo anterior no propongo que tiremos por la borda lo aprendido en las escuelas de comunicación, ni que entreguemos al público productos huecos, vacíos y de mala calidad. Pero quiero llamar la atención hacia un hecho: en la actualidad tenemos en Internet un espacio prácticamente virgen en donde las personas pueden empezar a crear y a decir sin las formas que a nosotros, los profesionales, nos dieron las escuelas de comunicación. Y eso no tiene por qué ser malo.
Lo malo, es que los ciudadanos no tengan el criterio para distinguir entre lo que es verdadero y lo que es falso, lo que es superficial y lo que es profundo y le concedan igual importancia a lo banal que a lo fundamental. Es ahí en donde está la tarea, en educar el criterio, mas no en seguir entregando todo "masticado" como lo hicieron los medios masivos de comunicación durante décadas. Por eso el reto es tan grande para quienes somos comunicadores de profesión.
Mucho he leído es cuento de que por culpa de los blogs todo el mundo quiere ser escritor, que por culpa de Flickr todo el mundo quiere ser fotógrafo, etc. Pues bien, he de decir, que prefiero que por culpa de las redes sociales todos se quieran dar a conocer por medio de la expresión, que seguir diciendo que en mi país por culpa de la televisión todas las niñas quieren ser modelos y los niños futbolistas.
Dejemos las redes fluir y tratemos de comprender, que ese "mar de información" del que todo el mundo habla no es un problema, sino una oportunidad de mostrarnos y vernos con autenticidad y de aprendernos y enseñarnos a tener criterio para elegir la información.
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sábado, 11 de diciembre de 2010
Mirar sin ver y dar sin regalar
Debo decir, para comenzar, que nada de lo que pueda yo escribir, ni las fotos, ni siquiera el video que está circulando con la vista aérea del desastre, va a permitirle conocer la magnitud de la tragedia del derrumbe en Calle Vieja, en el municipio de Bello (Antioquia). Sin embargo, siento la necesidad y la obligación moral de contarlo.
Mirar sin ver
Como escribía en uno de mis primeros artículos en este blog, no me gusta eso que algunos llaman "periodismo urbano" y menos el amarillismo, por eso no les voy a contar del niño de 4 años que se quedó huérfano a causa del derrumbe, ni de los niños damnificados que visitamos el día de las velitas.
No quiero contar eso, porque la razón por la cual debemos hacer nuestros aportes para los damnificados no debe ser la lástima, ni tampoco la caridad. Lo que nos debe tocar el alma en estos días de tragedia, es sobre todo el hecho de saber que los damnificados son personas como nosotros, que con sus más y sus menos son seres humanos con prioridades similares a las nuestras.
A todas las personas que me han preguntado sobre Calle Vieja, les he dicho lo mismo: "hay que ir". Para poder conocer la dimensión real de la situación, hay que ir hasta allá y ver la impresionante cantidad de tierra que sepultó la vida de tantas personas y que a otros los dejó sin nada.
Los medios de comunicación nos muestran una cara superficial de la situación, una mirada que es insuficiente y que busca apelar a nuestros sentimientos para que donemos, pero también para que les demos rating. Por eso nos quedamos con una mirada lastimera de la situación, una mirada que regala paliativos pero que en cuestión de semanas se olvida del tema y pasa la página. Una mirada fugaz que no construye nada en el tiempo y que es la responsable que de que este país no tenga cimientos fuertes, no solo bajo sus casas, sino también de las bases de su sociedad.
Dar sin regalar
Una de las cosas que más me impactó cuando llegué a Calle Vieja, fue ver que la loma y las viviendas del sector son como las de muchos otros sectores de Medellín: una loma no tan empinada, cercana al valle y con muchas casas hechas de ladrillo y concreto. Un barrio como en el que vive usted o como en el que vivo yo.
Nos hemos vuelto indolentes, porque estamos acostumbrados a ver que en Medellín hay casas de tabla y lata que parecen poder caerse en cualquier momento y cuando escuchamos "desastre" frecuentemente pensamos que es lógico que esas cosas pasen cuando las personas viven en esas condiciones.
Pero no, las cosas no podemos verlas así: esta era una loma como cualquier otra y las personas que allí murieron y que lo perdieron todo, son como usted y como yo. Ver eso, me hizo reflexionar muchísimo sobre la forma como vemos a los demás y como pensamos cuando vamos a "donar". Por ejemplo, quienes estaban clasificando la ropa, nos contaban que habían regalado cosas en muy mal estado e incluso ropa interior ¡usada! y yo pensaba ¿a quién creen que le están donando las cosas?
Pues déjeme yo le cuento: esas personas que perdieron todo, son seres humanos que tienen las mismas necesidades que usted. Piense: si usted quiere alimentarse, vestirse y asearse dignamente, ellos también; si usted quiere que sus hijos tengan juguetes y disfruten la infancia, ellos también, y claro, si usted quiere que su mascota se alimente y esté libre de enfermedades, por supuesto que ellos también.
La única cosa que nos diferencia de los damnificados, es que la casa no se nos vino abajo dejándonos solo con lo que teníamos puesto ¿entonces por qué somos tan mediocres para dar?
Yo lo invito a que deje de usar la palabra "caridad" o "donar" y comience a pensar más bien en "regalar" como lo hace con sus iguales. Piense en estas personas como en su familia, sus amigos y recuerde todas las veces que da un regalo fino solo para levantar su estatus. Y dese cuenta, finalmente, que ellos no requieren regalos finos, simplemente regalos dignos.
El tiempo es oro y también se regala
Otra muestra de nuestra indolencia con los damnificados es la forma como la mayoría de las personas "dona": hace una transferencia económica a una cuenta o en el mejor de los casos, lleva alguna donación material a un sitio de acopio.
Si bien ese tipo de aportes son absolutamente necesarios e indispensables, en mi opinión la caridad es una acción muchas veces hipócrita y mediocre, porque sirve para dejarle al donante la tranquilidad de haber dado, pero solo es un paliativo y no le cambia la situación al que recibe. Además, en muchos casos en Colombia, la caridad ha servido para que la gente se acostumbre a que todo se le debe regalar, lo que se ha convertido en uno de los peores cánceres de nuestra sociedad.
Sin embargo, opino que cuando se quiere ayudar a las personas el mejor regalo es el tiempo. Ir al sitio, estar con la gente, conocerla, compartir saberes y hacerle saber que no están solos a pesar del abandono del gobierno; untarse las manos recogiendo escombros, dobla ropa, charlar o jugar con los niños son regalos invaluables.
El tiempo y las acciones concretas en el lugar del desastre, son cosas muy caras para quien las da, porque aunque no se note, el tiempo es lo que más valoramos y con lo que más egoístas somos. Pero de la misma forma el apoyo y el acompañamiento son más valiosos para quien los recibeporque construyen el futuro, mientras las donaciones son paliativos muy necesarios pero que no trascienden el presente inmediato.
A veces somos tan poca cosa, que no creemos tener lo suficiente para regalar algo que valga la pena y nuestra comodidad es tan sumamente importante, que no contribuimos con cosas valiosas que todos tenemos a pesar de las carencias, como nuestro tiempo.
Las redes sociales
Debo agregar que agradezco enormemente a las redes sociales, responsables de que muchas personas hayamos asimilado que los damnificados son iguales a nosotros gracias a los casos de @CamaronDiaz en Calle Vieja y los padres de @JohnRestrepo en Bolombolo.
Es cierto que las redes sociales por sí mismas no hacen nada, es ciertísimo que hay muchas personas que solo las usan para hacer escándalo alrededor de alguna donación que hicieron y también es verdad que otras tantas solo donan por no quedar mal en Internet.
Pero según lo que he visto, son muchas las personas que honestamente se han tocado, porque las redes nos han permitido ver lo sucedido más allá del drama, el escándalo y el amarillismo de los medios de comunicación tradicionales. Tener contacto directo con la tragedia, nos permitió ver más allá de la lástima y comprender esta situación desde la amistad, como iguales.
EPÍLOGO
Si usted se sintió ofendido por este texto, permítame decirle que en cierto modo también es un regaño para mí y fruto de un aprendizaje muy reciente. Así que lo invito a que no ataque y más bien aprovechemos para aprender.
jueves, 23 de septiembre de 2010
La violencia que justifica mi país
Tomar la decisión política y militar de matar a una persona, puede ser legítimo, lo que no es legítimo es celebrar la muerte.
El dolor que las FARC le han causado a Colombia es incalculable. La muerte, el secuestro y el sentimiento de que nuestro propio país no nos pertenece, son cosas enormes que no se pueden cuantificar ni medir de ninguna forma. Eso es claro.
Por eso entiendo, que dar de baja a un cabecilla de las FARC pueda ser una decisión legítima del gobierno, pero no lo concibo desde la venganza "porque se lo merece" sino poniéndolo en una balanza: no hay otra opción porque es la muerte de él, o la de muchos otros colombianos. Pero desde ningún punto de vista y bajo ninguna circunstancia, puedo comprender que un ser humano se alegre de la muerte de otro, amparado en una enorme sed de venganza.
Es cierto que la caída de un líder de esta naturaleza, puede contribuir a evitar otras muertes u otros secuestros y eso, sin lugar a dudas es un alivio para este país. Pero celebrar la muerte de una persona, sea quien sea, solo hace que validemos lo que se supone que repudiamos: el asesinato justificado.
Justificando el odio
Colombia, aunque lo queramos negar, es un país lleno de odio y de muerte, en el que los niños se cuentan en la puerta de las escuelas cómo descuartizaron a una persona a dos cuadras de su casa y ni siquiera les da un escalofrío. Se ha ido perdiendo el respeto a la vida y a la muerte, porque ésta última se ha convertido en parte del paisaje.
Y si la sociedad celebra la muerte de un cabecilla, podría celebrar igualmente la muerte de cualquier persona que cometa una infracción, y así nos vamos yendo por los caminos de la aprobación de la muerte como solución a los problemas.
Yo me declaro profundamente abatida, NO por la muerte de alias El Mono Jojoy, sino por el doloroso sentimiento de saber que mi país ha caído tan bajo, que en este momento el gobierno de turno ve como única salida la violencia. Pero más que eso, por la indolente y morbosa forma en que mis compatriotas celebran la muerte, expresada incluso en medios de comunicación que se hacen llamar imparciales, como Eltiempo.com.
Seguridad VS Paz
Desde el comienzo del gobierno de Álvaro Uribe, Colombia dejó de hablar de paz y comenzó a hablar de seguridad, lo cual lamento profundamente. Lo lamento porque la seguridad es más fácil, pero también más superficial que la paz.
Para obtener la seguridad, se mata al que agrede y lógico, no vuelve a agredir. Pero detrás de ese, hay otros 100 haciendo fila para reemplazarlo en su cargo de agresor, inspirados en la ambición, el odio, la pobreza, la inequidad y la sed de venganza.
En cambio, para obtener la paz, mucho más costosa por cierto, hay que pensar en evitar la acumulación de odios, brindar oportunidades ciertas, educar, culturizar y propiciar el sentido de pertenencia por el Estado y el territorio. Pero en Colombia no tenemos eso.
Entonces, como ya la historia reciente nos lo ha demostrado con creces, pueden matar a los guerrilleros que quieran, pero siempre saldrá otro y otro nuevo, y más aún, se desarrollarán (como ya se está viendo en la actualidad) nuevos grupos y formas de violencia, alimentadas por el mismo odio que hoy, 23 de septiembre, promueven a manos llenas quienes celebran la muerte.
martes, 31 de agosto de 2010
Opciones y decisiones
Hablemos de opciones
Desde muy pequeña vi a mi familia entrar y salir de la universidad, pude asistir al grado de mis padres y de mis tíos y entendí cómo para ellos tener una carrera profesional era una prioridad. No sabía qué era lo que quería estudiar, pero sabía que tenía que pasar por una universidad. Por eso, tal vez, nunca en la vida contemplé otra opción diferente para mi futuro.
Probablemente, para el mundo entero cuando una mujer se gradúa del colegio haya opciones variadas: trabajar, montar un negocio, casarse, tener hijos o... entrar a una universidad. Pero en mi universo personal, yo solo contemplaba una opción y tal vez por eso, me esforcé por ella. De lo contrario, hubiese caído en el vacío y francamente, a estas alturas del paseo sigo pensando que no hubiera sabido qué hacer.
¿Pero a qué voy con eso? Para explicarlo hablemos de decisiones
Durante estos últimos días violentos y difíciles en Medellín, que no se diferencian en mucho de los días violentos y difíciles que siempre ha habido y la prensa no ha mostrado, han salido a la luz pública los problemas de siempre: las bandas emergentes, la gente que no colabora con la policía, la pobreza y la falta de educación. Claro, ante la pobreza y la falta de oportunidades surge la violencia y luego las mamás encubren a sus hijos y las comunidades deciden apoyar a "los suyos" porque "son los suyos así sean malos", literalmente.
Desde hace tiempo ese tipo de rasgos culturales de nuestra sociedad me cuestionan mucho ¿por qué los jóvenes deciden meterse en grupos armados? ¿por qué las comunidades deciden encubrirlos aunque sepan que son un peligro incluso para ellas mismas? ¿por qué las mujeres deciden vivir con hombres que les pegan? ¿por qué las jóvenes asumen como estilo de vida ser madres solteras o esposas de matones? ¿por qué?
Y hace poco llegué a la conclusión de que se trata de una cuestión de opciones. Así como cuando mi entorno me hizo creer que la única opción viable era ser profesional, el entorno de otros le muestra otros caminos mentales. Entendí que las opciones no son los diversos caminos concretos que se pueden tomar en un momento dado, sino esos lugares que en nuestro imaginario creemos que podemos y/o queremos alcanzar.
En palabras más simples, si una niña crece viendo que en su entorno las mujeres tienen como meta única conseguir un esposo que las mantenga y no hay otro estímulo suficientemente poderoso (interior o exterior) que le haga pensar lo contrario, lo más seguro es que finalmente lo termine asumiendo como su propia opción, aunque se le diga que técnicamente puede elegir otros caminos.
Recuerdo que cuando salí del colegio, uno de los compañeros más vagos pasó a la Universidad Nacional, lo cual fue una sorpresa para todos y una dicha para él. Al año siguiente me lo encontré borracho en una calle en la Feria de las Flores y le pregunté por la universidad, a lo que me respondió "me salí porque me di cuenta de que eso no era para mí, eso es para los nerdos". En este caso, él tenía la opción concreta de estudiar en la universidad, pero no tenía la opción mental.
¿Y todo esto para qué?
Esta sociedad cree que "dar opciones" es abrir cupos en el SENA, regalar subsidios u ofrecer créditos para montar microempresas. Pero nunca se ha puesto a pensar que las opciones no se entregan en un papel con el logo de la Alcaldía, sino que se construyen en procesos largos de educación y creación de cultura.
Procesos en los cuales se pueda lograr que haya más confianza en el futuro y en las propias capacidades, en los que todas las personas sientan que hacen parte de la construcción de una sociedad y no que sobreviven a ella. Evidentemente estos procesos son mucho más difíciles, pero son los únicos que le pueden dar un giro a este país que más que de acciones, necesita cambiar primero de actitud.
No pienso que todos tengan que ir a la universidad, pero sí sería muy bonito que los jóvenes de Medellín y de todo Colombia, tuvieran un universo de opciones que les permitiera tomar decisiones diferentes a la violencia o a ser padres de muchos hijos antes de los 20 años. Y que las madres tuvieran más opciones que esconder a los hijos debajo de la cama, hasta que la policía o los vecinos de la loma del frente, vengan y los maten.
.::.
UN EPÍLOGO SENTIDO
La diferencia entre una persona rica y una persona pobre no es la cantidad de dinero que posee, sino la variedad de opciones mentales que le pueden permitir tener una mejor calidad de vida y la capacidad para elegir la mejor.
En mi urbanización hay un portero que vive con un sueldo mínimo, pero que con su esposa rebusca y ahorra. En los años que lo conozco he visto la manera cómo ha criado a sus dos hijos, llenándolos de opciones. Este personaje, un día me habló de que estaba ahorrando para comprarles un computador y agregó: "es que yo no soy pobre, simplemente no tengo plata".
martes, 3 de agosto de 2010
El país que me tocó querer
País de mierda, una frase de cajón que se le sale a alguno porque ganó las elecciones el que no quería(mos), por los falsos positivos, por la gente que se muere en la puerta de los hospitales, por los taxistas, las carreteras, el tráfico y hasta por Jota Mario y Jorge Barón. Después de proferida ésta frase, por lo general viene otro que contesta con"a mi país no me le diga así" o "si hablamos mal de Colombia ¿cómo esperamos que hablen bien de nosotros afuera?", expresiones casi tan comunes como la que inicia la discusión.
Personalmente de un tiempo para acá lo único que se me ocurre cuando escucho semejantes cajonazos*, es emitir un suspiro, probablemente de decepción, pensando en que efectivamente éste país no está como para defenderlo.
Ésta es la parte del texto en la que algún lector frunce el ceño. Pero antes de que termine de pensar en la palabra "apátrida" déjeme le explico porque nuestro país es indefendible, depronto hasta se da cuenta de que el apátrida es usted.
Yo no defiendo a Colombia, porque pienso que ese concepto común que existe de éste país es indefendible. No podemos admitir que somos el país más feliz del mundo mientras millones de personas aquí padecen hambre y frío; ni asegurar que somos pujantes y "echaos pa' elante" en una sociedad gobernada por la corrupción y la cultura del atajo.
Por eso pienso que la manera más adecuada de querer esta patria en este momento de la historia es siendo consciente de que atravesamos por un momento complicado (muy complicado), mas no escondiendo los problemas con zalamería y patrioterismo.
Un concepto acomodado de país
Hablando de frases gastadas, hay otra que reza: aceptar el problema es el primer paso, la cual aplica perfectamente a la mayoría de los padecimientos, incluyendo una crisis de país. Lo que nos impide ver con claridad ese concepto de aceptar el problema aplicado a nosotros es que frecuentemente tenemos un concepto muy conveniente de "país", es decir, que nos asumimos como parte de él en la medida en que ésto nos convenga.
Es así como nos sentimos orgullosos cuando un colombiano gana algún premio internacional o triunfa en algún deporte, como nos limitamos a criticar al Estado por las decisiones políticas que nos afectan o como nos sentimos indignados cuando hablan mal de nosotros en el extranjero. En esta imagen de país, siempre hacemos parte de ese grupo de colombianos cálidos y pujantes que triunfan y rechazamos a esos que nos hacen quedar mal.
Ante esa línea delgada que en nuestro imaginario separa a "ellos" (los colombianos que hacen mal las leyes, los violentos, quienes cometen las infracciones) de "nosotros" (los colombianos 'de bien', los pujantes, los buenos ciudadanos), es muy difícil que alguien asuma esa posición de aceptar que se está enfermo. Pero lamento informarle estimado lector, que ese que "se porta mal" también es legítimamente colombiano y que usted para los demás, también está en ese grupo de "ellos".
Si repasamos el concepto de país (yo personalmente lo hice en Wikipedia), tendremos claro que técnicamente, en ese mismo concepto estamos incluidos todos, desde los que aguantan hambre en esos municipios que no conocemos ni por el nombre, pasando por usted y por mí y hasta el presidente, todos con nuestras respectivas embarradas. Bueno pero ¿para qué insistir en algo tan básico? Precisamente porque a la larga no es tan básico, desde que vivamos lavándonos las manos y jurando y perjurando que vivimos en el paraíso, lo que directamente nos obliga a ignorar que si "algunas" cosas no funcionan es porque todos los colombianos, inclusive usted y yo, tenemos un problema.
Entonces no me venga con que "los buenos somos más" ni con excusas mediocres para las carencias que tenemos. Haga el ejercicio, acepte que usted también tiene un gravísimo problema. Porque los problemas de Colombia son su problema, porque finalmente todo eso termina afectándolo de alguna forma y porque igual que cuando ríe y celebra, cuando éste país llora, usted también es Colombia.
Sobre soluciones
Teniendo claro ya que todos tenemos un problema, el tema de las soluciones aparece mucho más evidente de lo que podría pensarse. Es común que critiquemos a los gobernantes porque toman decisiones que solo le convienen a ellos, pero piense ¿en su pequeña escala usted también toma decisiones que solo le convienen a usted mismo? en la oficina, en la casa, hasta en la cocina y en el baño (claro, también hay que ahorrar agua) ¿usted piensa como ciudadano de un país?
Viéndolo desde esta perspectiva y multiplicándolo por las miles de personas que toman decisiones solo para sí mismos y sus familias, podemos ver claramente que así como los problemas, las soluciones tampoco dependen solo del gobierno, ni de los demás. Todos tenemos un poquito de problema y un poquito de solución en las manos.
Por eso NOS critico, por eso no defiendo a este país en el que yo también estoy, el cual a pesar de las cualidades que tanto resaltamos de su gente, no ha podido salir de la olla en estos 200 años.
Colombia NO es el país en el que me tocó vivir, si me quisiera ir ya hubiera buscado el modo. Colombia es el país que me tocó querer, porque acá nací y crecí y ese vínculo es tan irrompible (para mí) como el de la familia. A la familia uno no la escoge pero aprende a querer lo mejor de ella y luego se despeluca por hacer lo más que pueda para sacarla adelante.
Si a usted solo "le tocó nacer" o "le tocó vivir" en éste rincón del mundo, por favor ignore este post. Pero si como yo, se siente instado a quererlo, sea realista, ayude y no le sume peso a la carga.
Yo por mi parte, me niego a defender esta patria rota, a ignorar sus dolores y a esconder sus defectos, porque la quiero tanto que sería incapaz de seguir adelante a ciegas, ignorando que eso que yo llamo "Colombia" tiene mucha gente que pasa malos ratos por la pobreza, el hambre y la violencia, que son más largos y profundos que los pocos, superfluos y efímeros segundos de felicidad que nos dan los colombianos que triunfan.
Sólo así, viendo los problemas que tenemos y los errores individuales que sumo como ciudadana, puedo hacer algo por solucionarlos. Ahora sí, bien pueda, si quiere puede decirme "apátrida" por no decir que vivimos en el paraíso.
Epílogo
Todas esas cualidades que tiene Colombia, a saber: pujanza, alegría, honestidad, calidez, ganas de trabajar, hermosos paisajes, diversidad cultural y el largo etcétera que usted ya conoce, solo van a servir de algo el día que sean suficientes para salir de la olla. Mientras tanto son accesorios hermosos y herramientas individuales para los que salen adelante solos.
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*Cajonazo: acción o efecto de golpear con un cajón o en su defecto, de proferir una frase de cajón.
miércoles, 28 de julio de 2010
Oda a la libertad laboral
La primera vez que tuve un trabajo tradicional con horario de oficina y todo eso fue a mis 18 años. Mi labor, muy "emocionante" por cierto, consistía en tomar unas listas de una base de datos y transformarlas en párrafos coherentes para un sitio web de destinos turísticos.
La oficina era diminuta y tenía solo un par de ventanas por las cuales a duras penas cabía mi cabeza y yo compartía el espacio con otros cuatro compañeros que rara vez emitían palabra alguna. Sentí enloquecer.
Por lo tanto no duré mucho y a esa corta edad decidí que trabajar en una oficina no era lo mío. A partir de entonces he tenido muy pocas y cortas experiencias en el arte del trabajo de oficina y al final de cada una, me demuestro a mí misma que a pesar de mi juventud, desde el comienzo de mi vida laboral comprendí que ese no era mi mundo.
Todo este preludio viene al cuento, porque hoy terminé mi más reciente experiencia laboral con dichas características, la cual me va a servir para exponer las razones por las cuales para muchas personas como yo, ser independiente no es solo una opción, sino una necesidad.
Primero: potenciar la capacidad creativa
Normalmente ser empleado es sinónimo de hacer lo que otro desea, así que la creatividad se ve limitada a lo que se nos permite hacer en el tiempo (también limitado) designado para nuestras labores. Y ojo, entre más grande sea la empresa y más cuantificables sean sus resultados, más limitados estaremos, porque pocas empresas quieren que un empleado se solle el trabajo en lugar de hacerlo rápido.
Segundo: volver al mundo exterior
La mayoría de las empresas le tienen miedo a los peligros del mundo exterior, pero los seres humanos lo necesitamos para crecer, especialmente cuando el trabajo en una empresa se torna rutinario. Mientras muchas empresas bloquean y prohíben las redes sociales, los periódicos o los canales de videos, muchas personas las necesitamos para seguir aprendiendo, para estar informados, para formarnos una opinión.
Tercero: tiempo y realización personal
Tal vez a lo que más le he temido de esos lapsos de trabajo "estable" es a ese despojo de mí que llega a mi casa cada noche, demasiado cansada como para leer y pensando solo en descansar para poder madrugar al día siguiente. Así, la vida se va convirtiendo poco a poco en una sucesión de semanas iguales cada una a la anterior y lo más común es ver que al final del contrato termina uno en el mismo punto donde comenzó.
Cuarto: la vida personal importa
Yo tengo una fijación con el atardecer. En cada uno de mis trabajos he sufrido cuando la luz amarilla del sol se comienza a tornar anaranjada y la veo entrar por las rendijas de las ventanas, porque pienso que me perdí de un día más de mi vida, encerrada. La familia, los amigos, los libros, las citas médicas e incluso las siestas del medio día, son cosas que sí importan y que hacen parte de la construcción de nuestra vida.
Importante esa frase tan gastada: trabaje para vivir, no viva para trabajar. Trabajar, especialmente para personas jóvenes con ganas de aprender y no tantas responsabilidades, debería ser una experiencia agradable y para el disfrute, y no una tortura para la supervivencia.
Siempre que pienso en trabajar en una empresa, recuerdo que tengo la esperanza de tener muchos años por delante y espero aprovechar los más próximos para aprender y sollármela, de lo contrario, habré pasado mi vida encerrada en una oficina y ahogado mi futuro en un sueldo.
***
No quiero con éstos párrafos decir que quien prefiera un trabajo tradicional esté errado, existen ventajas innegables como la estabilidad, el ascenso en una empresa, la construcción de una hoja de vida. Cada quien tiene sus prioridades.
Tampoco considero que todo el mundo tenga que crear una empresa o ser freelance, gracias a las TIC, existen diversas opciones para ser libre y las formas de trabajo son cada vez más versátiles. Lo que sí pienso, es que deberíamos elegir más a conciencia lo que queremos ya que podemos.
En cierta ocasión mi madre me preguntó "¿usted por qué es tan rebelde y no se busca un trabajo como todo el mundo?" Yo respondí: porque tengo la opción de hacerlo, rebelde sería si no quisiera trabajar y estúpida si no aprovechara la oportunidad de alcanzar mi realización personal, teniendo la oportunidad.
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domingo, 18 de julio de 2010
De arte y otras cosas de las que no sé
Esta noche, por azares de la vida, fui a dar a un debate en el cual se discutía si el arte debería tener o no, una función social y/o educativa dentro de la sociedad en la cual se enmarca. Aparte de que llegué a la mitad de la disertación, el contacto que he tenido con el arte ha sido exclusivamente como espectadora y de las menos experimentadas.
De hecho, a veces me causa gracia ver cómo algunos interpretan cuadros que para mí son mamarrachos y desbordan en elogios o críticas, según sea el caso, evaluando cosas que desde mi mirada no tienen sentido. Pero el cuento es que aunque no tengan sentido, la mayoría de las veces sí tienen valor y simplemente admiro su belleza, aunque no las comprenda.
Toda la introducción es para explicar que lo que viene a continuación es la posición de una persona que NO sabe de arte, pero que igual, quiere proponer una reflexión.
***
¿El arte debe tener una función educativa? No creo.
Precisamente ese misticismo de encontrar hermoso algo que no se comprende, tiene una magia que solo puede provenir de la mano de los artistas. Como bien exponía Pascual Gaviria, uno de los ponentes del debate: el artista es una persona que en su introspección y reflexión más íntima ofrece sus obras al mundo, sin pensar si educan o no.
Eventualmente, si algún artista se siente en la responsabilidad de educar o de invitar a la reflexión para la construcción de un mundo mejor desde su trabajo, me parece maravilloso, pero pienso que eso de asumir roles transformadores no es intrínseco a nada, ni a nadie, sea cual sea su oficio.
Pero si trascendemos ésta reflexión a otros oficios, ninguno de ellos, pienso yo, salvo aquellos que lo llevan en su esencia (como la educación, por ejemplo), tienen en la obligación de comprometer a las personas en un papel activo para la transformación de la sociedad.
Yo estudié Comunicación Social y me siento llamada a participar en el proceso para que las personas que están a mi alrededor puedan vivir en un mejor mundo, lo cual de por sí siento que me queda grande, pero no creo tener la autoridad para afirmar que todos mis colegas tengan esa misma obligación.
Obligación tenemos todos de hacer bien nuestro trabajo, de ser buenos ciudadanos, de cumplir algunas normas básicas de convivencia y de respetar a los demás, lo cual todavía sigue siendo difícil para la mayoría de las personas. Pero pasar de ahí a ocupar papeles de transformación, me parece demasiado exigente e incluso, diría yo, castrante, si pensamos que hay obras y acciones interesantes y valiosas que no nacen del interés por cambiar el mundo.
Más interesante sería que aquellas personas que defienden la obligatoriedad de esos roles, desempeñaran sus loables labores con tal vehemencia y rectitud, que logren inspirar a los demás, en lugar de plantearles la obligación.
miércoles, 14 de julio de 2010
La mujer en la red ¿discriminada o adormilada?
Para hablar del papel de la mujer en la red, es necesario hablar del papel de la mujer en nuestro contexto. Por tal razón, he querido hacer un contraste entre dos producciones diferentes que me he encontrado en televisión. Ambas hacen referencia a la mujer y plantean para mí una interrogante fundamental respecto del rol que tenemos en la sociedad a la que pertenecemos, puesto que presentan a mujeres latinoamericanas en un escenario de logro de metas, cada una a su manera y por ello se prestan para el análisis.
La primera de ellas es "Mujeres con metas", una campaña publicitaria de la marca de cosméticos Ésika, en la cual se presentan mujeres bellas de Latinoamérica que han cumplido sus metas en diferentes áreas como la maternidad, la academia, etc. La protagonista colombiana: Andrea Serna, presentadora de programas de entretenimiento.
La segunda, titulada "Mujer 360" es una serie de microprogramas del canal Home and Health, que presenta la forma en que una mujer se traza metas en el campo laboral, como madre, esposa y en general como mujer. La protagonista colombiana: Libia Estela Gómez, directora de cine.
Traigo estas dos producciones a colación, porque me parece que si bien ambas presentan a la mujer desde un punto de vista de realización personal, se diferencian en que la segunda permite una mirada más integral de los roles que asume una mujer, dejando claro que en la actualidad no estamos obligadas a encasillarnos en uno solo de ellos.
Frencuentemente nos encontramos con que las reivindicaciones feministas se ocupan de insistir que tenemos el derecho a no tener hijos, a no casarnos, etc. Es común escuchar cosas del estilo "no tengas hijos, o permite que alguien más los cuide por tí, concentrate en tu realización personal"¿Pero qué si esa es nuestra realización personal? ¿qué si queremos ser madres, profesionales, amas de casa y al mismo tiempo una bomba sexy?
La visión actual acerca del rol de la mujer, no está dada por un solo papel: no se es solo madre, o esposa, o profesional. La mayoría de las mujeres elegimos varios de estos roles y queremos desempeñarlos todos satisfactoriamente, y el centro del debate debería estar en la posibilidad de abrirnos todas las puertas y no en abrir unas y cerrar otras.
La mujer "multitasking"
Ante esta necesidad sin precedentes, aparece una opción sin precendentes: la red. Herramienta ideal que le permite a una persona ser completamente "multitask" o "multitarea" al estar en dos lugares al mismo tiempo y hacer varias cosas a la vez, como estudiar o trabajar mientras se tiene a un niño sentado en las piernas.
La primera de ellas es "Mujeres con metas", una campaña publicitaria de la marca de cosméticos Ésika, en la cual se presentan mujeres bellas de Latinoamérica que han cumplido sus metas en diferentes áreas como la maternidad, la academia, etc. La protagonista colombiana: Andrea Serna, presentadora de programas de entretenimiento.
La segunda, titulada "Mujer 360" es una serie de microprogramas del canal Home and Health, que presenta la forma en que una mujer se traza metas en el campo laboral, como madre, esposa y en general como mujer. La protagonista colombiana: Libia Estela Gómez, directora de cine.
Traigo estas dos producciones a colación, porque me parece que si bien ambas presentan a la mujer desde un punto de vista de realización personal, se diferencian en que la segunda permite una mirada más integral de los roles que asume una mujer, dejando claro que en la actualidad no estamos obligadas a encasillarnos en uno solo de ellos.
Frencuentemente nos encontramos con que las reivindicaciones feministas se ocupan de insistir que tenemos el derecho a no tener hijos, a no casarnos, etc. Es común escuchar cosas del estilo "no tengas hijos, o permite que alguien más los cuide por tí, concentrate en tu realización personal"¿Pero qué si esa es nuestra realización personal? ¿qué si queremos ser madres, profesionales, amas de casa y al mismo tiempo una bomba sexy?
La visión actual acerca del rol de la mujer, no está dada por un solo papel: no se es solo madre, o esposa, o profesional. La mayoría de las mujeres elegimos varios de estos roles y queremos desempeñarlos todos satisfactoriamente, y el centro del debate debería estar en la posibilidad de abrirnos todas las puertas y no en abrir unas y cerrar otras.
La mujer "multitasking"
Ante esta necesidad sin precedentes, aparece una opción sin precendentes: la red. Herramienta ideal que le permite a una persona ser completamente "multitask" o "multitarea" al estar en dos lugares al mismo tiempo y hacer varias cosas a la vez, como estudiar o trabajar mientras se tiene a un niño sentado en las piernas.
Personalmente, conozco a un par de mujeres en Medellín, que se han aventurado a usar la red como ese "empujoncito" para lograr cumplir con diferentes metas al mismo tiempo. Pero ¿por qué solo un par? ¿Por qué la proporción entre hombres y mujeres en eventos de redes y tecnología sigue siendo tan diferente?
Es curioso, por no decir preocupante, que sean tan pocas las mujeres que aprovechan la red bajo ese enfoque multitarea, que les permita divertirse, construir redes y trabajar para mejorar su calidad de vida, teniendo en cuenta que los hombres, en cambio, tienen ya bastante terreno ganado en éste tema.
No va a ser éste el escenario en el cual se hable de discriminación, que seguramente en algunos casos sí habrá, porque considero que en este medio (la Internet) la mujer tiene la capacidad (y casi que la obligación) de ser suficientemente proactiva como para salir avante de las pretensiones machistas que encuentre en el camino.
Entonces ¿por qué no aprovechar un medio que puede permitirnos desarrollarnos en todos aquellos ámbitos que deseamos? ¿por qué no explorar de una manera más profesional la tecnología? ¿por qué no apropiarla y vincularla a nuestra cotidanidad?
En varios sentidos, se podría asumir que esto se debe a que la nueva herramienta no obliga nuevas dinámicas y aún existen imaginarios arraigados, como que la tecnología es para los hombres, o como que las cualidades propias de las mujeres están enfocadas únicamente en las relaciones sociales, e incluso muchas veces en el aspecto estético, por lo cual esa cualidad de multitarea se pierde en un accionar limitado.
Este es uno de esos casos en los que me parece importante que la mujer, antes de decir "estoy siendo discriminada" piense en qué está dejando de hacer para avanzar en algún ámbito en el cual se siente rezagada. Para salir adelante, lo primero que debemos hacer es mirar objetivamente si son otros quienes nos detienen y si en algunos lugares ya desaparecieron las barreras para nosotroas, y uno de esos lugares abiertos, es precisamente la red.
Es curioso, por no decir preocupante, que sean tan pocas las mujeres que aprovechan la red bajo ese enfoque multitarea, que les permita divertirse, construir redes y trabajar para mejorar su calidad de vida, teniendo en cuenta que los hombres, en cambio, tienen ya bastante terreno ganado en éste tema.
No va a ser éste el escenario en el cual se hable de discriminación, que seguramente en algunos casos sí habrá, porque considero que en este medio (la Internet) la mujer tiene la capacidad (y casi que la obligación) de ser suficientemente proactiva como para salir avante de las pretensiones machistas que encuentre en el camino.
Entonces ¿por qué no aprovechar un medio que puede permitirnos desarrollarnos en todos aquellos ámbitos que deseamos? ¿por qué no explorar de una manera más profesional la tecnología? ¿por qué no apropiarla y vincularla a nuestra cotidanidad?
En varios sentidos, se podría asumir que esto se debe a que la nueva herramienta no obliga nuevas dinámicas y aún existen imaginarios arraigados, como que la tecnología es para los hombres, o como que las cualidades propias de las mujeres están enfocadas únicamente en las relaciones sociales, e incluso muchas veces en el aspecto estético, por lo cual esa cualidad de multitarea se pierde en un accionar limitado.
Este es uno de esos casos en los que me parece importante que la mujer, antes de decir "estoy siendo discriminada" piense en qué está dejando de hacer para avanzar en algún ámbito en el cual se siente rezagada. Para salir adelante, lo primero que debemos hacer es mirar objetivamente si son otros quienes nos detienen y si en algunos lugares ya desaparecieron las barreras para nosotroas, y uno de esos lugares abiertos, es precisamente la red.
domingo, 20 de junio de 2010
De diferencias necesarias
Recuerdo la primera vez que en mi vida fui consciente de la política colombiana. Tenía 10 años y en el libro de texto "Renacer 5" leí acerca de los partidos políticos tradicionales colombianos: el Conservador y el Liberal. Recuerdo haber leído en un cuadro comparativo los principios de uno y otro partido y a esa corta edad pensé que no podría ser parte de ninguno de ellos, porque había en cada uno filosofías que me convencían y otras que definitivamente me digustaban.
A pesar de que han aumentado los años y los argumentos, sigo pensando que ninguno de los dos extremos es positivo para regir el rumbo de un país y ahora sé, que ni siquiera al interior de esos, ni de ningún otro partido, las personas se ponen de acuerdo para cada uno de los principios y voluntades políticas con las que salen a gobernar.
Aunque no soy bióloga, una vez leí que los seres que se reproducen de forma asexual, es decir a partir de un solo individuo, corren más riesgo de extinguirse. Esto ocurre porque al no mezclar sus genes, no realizan el proceso de selección natural y en consecuencia no evolucionan, así que tienen menores posibilidades de resistir a un medio hostil. Puede sonarle raro, señor lector, pero opino francamente que lo mismo pasa con la evolución social de un país.
Inevitablemente el que piensa diferente incomoda, porque nos saca de la tranquilidad de la convicción propia y comienza a atacarnos con o sin argumentos obligándonos emprender la búsqueda del argumento propio, de la terqueza o de la violencia, quizás. Sin embargo, solo esa incomodidad nos lleva a evolucionar social, intelectual y políticamente.
Si todos pensáramos igual, lo cual suena absurdo nada más al enunciarlo, estaríamos negados para avanzar hacia nuevos horizontes y amarrados a políticas caducas ¿entonces por qué le tenemos tanto miedo a la oposición?
En cierta medida podemos atribuirle ese desdén por el que piensa diferente, a un Presidente Uribe que se esforzó por enfatizar en que al ser él enemigo de las FARC, todo aquel que estuviera en desacuerdo con él o con sus maneras, era necesariamente amigo de la guerrilla.
Sin embargo, no creo que semejante actitud provenga solamente de tal situación, lo pude comprobar en los noticieros cuando decían "los votantes de X candidato, votarán por X otro en la segunda vuelta" o en Twitter cuando decían "los votantes de X partido solo votan por moda, o porque son ignorantes".
Me parece estar escuchando a un ganadero hablar de cabezas de ganado y me veo en la misión de recordarle, estimado lector, que aunque a veces parezca lo contrario, los ciudadanos no somos reses en el hato de un terrateniente.
A veces pareciera que estamos convencidos de que los seres humanos somos clasificables en categorías y que merecemos ser juzgados según eso. Cuando se pierde de vista que somos diferentes es cuando pierde valor la vida "porque ese es otro" y así se comienzan a perder miles y millones de vidas de "otros" que eran simplemente otra cabeza, otra res sin nombre.
Colombia necesita la oposición argumentada y democrática, como cualquier otra sociedad, para poder avanzar, pero para eso tenemos que dejar de clasificarnos y señalarnos, para aprender a estar en desacuerdo con decencia, como ciudadanos adultos.
Es indispensable que la oposición se construya de forma digna y argumentada, y la misión de quienes ya lo hacen bien también es rechazar a las personas (y grupos) que la ejercen de manera violenta, porque solo bloquean sus oportunidades de ser escuchados. A su vez, tengo la esperanza en que los colombianos que eligieron el próximo presidente no pretendan que "unidad nacional" signifique "unanimidad nacional" y que los colombianos tengamos la capacidad de comprender la diferencia entre esas dos cosas.
Para terminar, quisiera insistir en algo que dije muchas veces durante la temporada de campaña electoral y que ahora me parece aún más importante: los colombianos decentes cuando votamos, coincidimos en un deseo común que es tener por fin un mejor país, lo que nos separa es la idea de cómo sería ese país mejor y los medios para llegar a él. En consecuencia votamos diferente.
Por eso, es necesario que tanto los colombianos que eligieron al próximo presidente, como los que no lo hicimos, entendamos que no necesitamos enfrentarnos por el hecho de estar en desacuerdo. Que tal como hace la naturaleza al juntar genes diferentes en la reproducción para asegurar la evolución, nosotros debemos aprender a tomar lo mejor de cada ciudadano y de cada ideología sin terqueza, pero sobre todo sin violencia, para que ese deseo común de mejorar, pueda ser realidad.
A pesar de que han aumentado los años y los argumentos, sigo pensando que ninguno de los dos extremos es positivo para regir el rumbo de un país y ahora sé, que ni siquiera al interior de esos, ni de ningún otro partido, las personas se ponen de acuerdo para cada uno de los principios y voluntades políticas con las que salen a gobernar.
Aunque no soy bióloga, una vez leí que los seres que se reproducen de forma asexual, es decir a partir de un solo individuo, corren más riesgo de extinguirse. Esto ocurre porque al no mezclar sus genes, no realizan el proceso de selección natural y en consecuencia no evolucionan, así que tienen menores posibilidades de resistir a un medio hostil. Puede sonarle raro, señor lector, pero opino francamente que lo mismo pasa con la evolución social de un país.
Inevitablemente el que piensa diferente incomoda, porque nos saca de la tranquilidad de la convicción propia y comienza a atacarnos con o sin argumentos obligándonos emprender la búsqueda del argumento propio, de la terqueza o de la violencia, quizás. Sin embargo, solo esa incomodidad nos lleva a evolucionar social, intelectual y políticamente.
Si todos pensáramos igual, lo cual suena absurdo nada más al enunciarlo, estaríamos negados para avanzar hacia nuevos horizontes y amarrados a políticas caducas ¿entonces por qué le tenemos tanto miedo a la oposición?
En cierta medida podemos atribuirle ese desdén por el que piensa diferente, a un Presidente Uribe que se esforzó por enfatizar en que al ser él enemigo de las FARC, todo aquel que estuviera en desacuerdo con él o con sus maneras, era necesariamente amigo de la guerrilla.
Sin embargo, no creo que semejante actitud provenga solamente de tal situación, lo pude comprobar en los noticieros cuando decían "los votantes de X candidato, votarán por X otro en la segunda vuelta" o en Twitter cuando decían "los votantes de X partido solo votan por moda, o porque son ignorantes".
Me parece estar escuchando a un ganadero hablar de cabezas de ganado y me veo en la misión de recordarle, estimado lector, que aunque a veces parezca lo contrario, los ciudadanos no somos reses en el hato de un terrateniente.
A veces pareciera que estamos convencidos de que los seres humanos somos clasificables en categorías y que merecemos ser juzgados según eso. Cuando se pierde de vista que somos diferentes es cuando pierde valor la vida "porque ese es otro" y así se comienzan a perder miles y millones de vidas de "otros" que eran simplemente otra cabeza, otra res sin nombre.
Colombia necesita la oposición argumentada y democrática, como cualquier otra sociedad, para poder avanzar, pero para eso tenemos que dejar de clasificarnos y señalarnos, para aprender a estar en desacuerdo con decencia, como ciudadanos adultos.
Es indispensable que la oposición se construya de forma digna y argumentada, y la misión de quienes ya lo hacen bien también es rechazar a las personas (y grupos) que la ejercen de manera violenta, porque solo bloquean sus oportunidades de ser escuchados. A su vez, tengo la esperanza en que los colombianos que eligieron el próximo presidente no pretendan que "unidad nacional" signifique "unanimidad nacional" y que los colombianos tengamos la capacidad de comprender la diferencia entre esas dos cosas.
Para terminar, quisiera insistir en algo que dije muchas veces durante la temporada de campaña electoral y que ahora me parece aún más importante: los colombianos decentes cuando votamos, coincidimos en un deseo común que es tener por fin un mejor país, lo que nos separa es la idea de cómo sería ese país mejor y los medios para llegar a él. En consecuencia votamos diferente.
Por eso, es necesario que tanto los colombianos que eligieron al próximo presidente, como los que no lo hicimos, entendamos que no necesitamos enfrentarnos por el hecho de estar en desacuerdo. Que tal como hace la naturaleza al juntar genes diferentes en la reproducción para asegurar la evolución, nosotros debemos aprender a tomar lo mejor de cada ciudadano y de cada ideología sin terqueza, pero sobre todo sin violencia, para que ese deseo común de mejorar, pueda ser realidad.
jueves, 29 de abril de 2010
Al votar: dos dedos de frente y mucho corazón
Una de las primeras historias publicadas en este blog, fue la de Paula Ospina, una gran amiga que murió a causa de una explosión en medio de una manifestación de estudiantes contra el TLC, de la cual ella tomaba parte.
Ya han pasado 5 años desde la muerte de Paula y su imagen permanece indeleble dentro de quienes la conocimos. Ella era una mujer inteligente, pero sobre todo sumamente altruista, desafortunadamente estaba muy convencida de que las ideas revolucionarias que le habían vendido, eran la salida para los problemas de Colombia y esa convicción fue la que la llevó a la muerte.
Pero en esta ocasión no hablo de Paula solamente por la enorme pena que me produce recordar lo que le ocurrió, sino porque siento que lecciones como la de ella, deben servirnos a todos los colombianos para reflexionar.
El día siguiente a la explosión que le costó la vida, un gran amigo llegó a un recinto en donde nos encontrábamos todo el grupo de amigos de ese entonces, incluida Ángela* la prima de Paula, diciendo muy a viva voz: "¿vieron lo que le pasó a esas niñas? ¿quién las manda? Se lo merecen, eso les pasa por ponerse de revolucionarias", inmediatamente todos nos apresuramos a sacarlo del lugar y explicarle que una de esas niñas era precisamente Paula.
La actitud de mi amigo se parece a la de muchos colombianos que al ver la muerte de alguna persona en situaciones como ésta siempre piensa "se lo merecía": por guerrillero, por participar en manifestaciones, porque se robó algo, porque era un campesino inocente mal parado (eso dicen algunos de los falsos positivos) o incluso por ser un niño que se coló en el Transmilenio.
Para muchos en este país del Sagrado Corazón que irónicamente a veces carece de corazón, una persona como Paula "se lo buscó", pero hablan sin saber de lo inteligente que era, de lo mucho que le interesaba el bienestar de su país y de lo involucrada que estaba con su causa, aunque estuviera muy equivocada.
Es claro que en este caso se trató de un accidente, a ella nadie la mató, pero tampoco nadie se ocupó de plantearle otras alternativas. Porque en este país, las personas como ella no son orientadas y educadas, sino juzgadas como criminales.
De vez en cuando la recuerdo y se me ocurre pensar, que como politóloga hubiera hecho mucho más por su país, que ofrecer su vida por una causa agonizante, pero a ella nadie la hizo ver eso. En cambio, muchas personas, sin dar la oportunidad de ver en ella a una persona y no a un número, piensan simplemente que se lo merecía.
Lo que nos falta...
El de ella es solo un caso, pero es un espejo siniestro de lo que pasa con miles de personas en Colombia que mueren de forma violenta (intencional o accidentalmente) y ojo: nadie se merece morir así. Eso lo dice la gente con odio, con rabia, con sed de venganza, pero nadie siente el dolor del vacío de una persona hasta que le toca, y lo peor, aunque ya le haya tocado no le importa sino su dolor personal pero no compadece el de otros.
Yo me propuse no escribir en contra de ningún candidato a la presidencia, pero hoy lo hago no con odio, sino como un deber moral, por si el mensaje de este texto le puede llegar al menos a una sola persona.
Alguien que ataca un campamento en el cual hay guerrilleros que han causado tanto dolor a los colombianos, probablemente no merezca ser censurado. Pero alguien que premeditadamente ataca campamentos en otro país, a sabiendas de que allí había también civiles, evidentemente tiene sangre fría y personalmente eso es lo último que quiero en el presidente de mi país.
Una persona así, probablemente no merezca la cárcel ni la extradición, eso lo decidirá la ley. Pero dentro de los ciudadanos debería haber una ética que nos impida regocijarnos en el dolor de otros y asumir con sabiduría estas situaciones. Una cosa es que el país piense que es un alivio no tener que estar supeditados a las acciones de Raúl Reyes, otra cosa es que su muerte sea motivo de dicha y salga su cadáver en todos los periódicos.
Una cosa es que nos alegre cada guerrillero menos ejerciendo la violencia, otra cosa es que aprobemos que se entregue la mano de una PERSONA como prueba de ello. Una cosa, es que el ataque al campamento de las FARC en Ecuador haya sido una brillante estrategia militar, otra cosa es que alguien afirme con orgullo que ordenó esta acción violenta en la que murieron jóvenes que seguramente estaban allí también engañados.
¿Saben por qué? Porque así como la familia de Paula ni siquiera sabía que ella militaba en esos movimientos, usted NO sabe si su hijo, hermano, amigo, primo o cualquier ser querido, está engañado como ella y usted, estimado lector, no querría que estas personas corrieran su misma suerte, sino que el gobierno tuviera la voluntad de entenderlas: castigarlas, educarlas, vincularlas a la sociedad, pero nunca matarlas.
Señores, si tenemos dos dedos de frente, seremos concientes de que si "seguimos avanzando" en el camino que vamos, lo que le ha pasado a otros colombianos, ya sea como falsos positivos o en las filas de grupos ilegales también va a aumentar y probablemente un día nos toque con alguien cercano. Pero eso se puede prevenir.
Y si tenemos más corazón, seremos capaces de entender, que este país necesita otra actitud. Necesita que nos perdonemos y que pensemos en la muerte de las personas que maltratan nuestras familias, nuestra legitimidad como país y nuestra democracia, no como la única, sino como la última opción. Porque ya vimos que bajo una política de la muerte, caen justos e inocentes y si seguimos llevados por la venganza, vamos a terminar matándonos todos entre todos.
*Ángela es la prima de Paula, a quien siempre que hablo del tema le cambio el nombre para protegerla, porque "nunca se sabe".
sábado, 10 de abril de 2010
De cultura ciudadana
Esta mañana recibí un correo masivo de un profesor, a favor de Gustavo Petro y en contra de Antanas Mockus. Quiero compartirles un fragmento que reune el argumento central del correo y mi respuesta a éste, en la que traté de aplicar la consigna de "destruir menos y construir más".
Fragmento:
Yo me pregunto: ¿Hasta cuándo los docentes afiliados a Fecode (Federación Colombiana de Educadores), que nunca votan por los candidatos regionales del PDA (Polo Democrático Alternativo), van a seguir votando de espaldas a los fines y principios esenciales de la política? ¿Será que esta vez ni siquiera van a votar por el candidato del PDA, que en su programa de gobierno, precisamente contiene la recuperación de los derechos mínimos laborales de la OIT (Organización Internacional del Trabajo), esquilmados durante los gobiernos de Pastrana y Uribe?
El juego de la política, es precisamente analizar en los programas de gobierno, cuál es la persona que encarna nuestros intereses como sector. Está bien que los grandes empresarios favorecidos por las privatizaciones y por las políticas de seguridad plutocrática, nos vendan a Mockus, que nos ofrece más de lo mismo con bellas palabras disfrazadas de intelectualidad, pero otra cosa distinta es que los maestros asalariados nos traguemos ese anzuelo: esos mismos grandes empresarios, son los dueños por acciones y compra de pauta publicitaria de las grandes empresas comercializadoras de noticias, hoy en poder de Prisa y Planeta, caso Espectador, empresas emblemáticas de la reconquista española.
Y ahora, mi respuesta
Me tomo el atrevimiento de continuar con el debate, el cual me parece más que pertinente y necesario.
Discrepo con varios de sus argumentos, pero solo hablaré de uno de ellos, que me parece el más importante de todos, con el fin de no entrar en polémica por cada detalle.
"El juego de la política, es precisamente analizar en los programas de gobierno, cuál es la persona que encarna nuestros intereses como sector" afirma el profesor, palabras textuales. Soy muy contraria a tal argumento, porque opino que la política en un país democrático como se supone que es este, no debe estar enfocada en un solo sector según el gobernante de turno, aunque sea el loable sector de la educación.
Nuestras políticas deben estar orientadas a favorecer de manera general a todos los ciudadanos, pertenezcan al sector al que pertenezcan, con énfasis en las personas menos favorecidas. Pero lo más importante es que todos los colombianos comencemos a asumir una actitud diferente a esa "ley de la selva" que nos ha regido siempre y que nos ha enseñado, de generación en generación, que tenemos que salvar nuestro propio pellejo y que nos importa un pepino lo que pase con el resto del mundo, desde que uno pueda sobrevivir.
Y claro! Es lógico pensar así en un país en donde los pobres cada vez son más y más pobres, y cada ser humano está obligado a pensar en sobrevivir con su familia y no tiene tiempo para pensar en los demás. Pero lo que no hemos aprendido es que la solución a nuestros problemas está precisamente en asumir la corresponsabilidad por lo que pasa en la sociedad.
De eso se trata la "cultura ciudadana", no de aprender a pasar por los puentes peatonales, ni a no pasarse los semáforos en rojo. Tampoco se trata de darle limosna a las personas que piden en las calles, ni de ponerle las cosas en la mano a los más pobres. Se trata de comprender, que hacemos parte de un sistema, que todo lo que hagamos afecta a los demás y que solo necesitamos contribuir con cosas simples, como trabajar honestamente y sin tratar de sacar tajada, cuando somos voluntarios en causas justas, cuando enseñamos con ejemplo a nuestros niños y adultos y en muchas más cosas que la mayoría de la gente de este país no hace.
Yo también soy profesora, de una universidad pública, y me duele en el alma que una profesión tan trascendental en la sociedad sea tan mal paga y tan poco protegida por el Estado. Pero en este momento más que ir a defender nuestros derechos como gremio, me interesa enseñarle a mis estudiantes y a las personas que me rodean, que si cambiamos nuestra actitud, podemos cambiar el país. Y si todo mejora, seguramente nuestras condiciones como docentes también.
Yo voy a votar por Antanas Mockus, no porque crea que es un ser humano o un político carente de defectos, me estaría engañando si pensara eso. Sé que probablemente en algún momento él tomará alguna decisión con la que yo, como individuo, no estaré de acuerdo, pero lo apoyo porque para mí él tiene un valor que nunca otro político ha tenido en Colombia: que cree en la parte buena de nosotros y querer enseñarnos que lo que pase en Colombia no depende solo del gobierno, sino de todos los colombianos, y eso es lo único que puede operar cambios reales, más que el mejor decreto o la mejor ley del mundo.
Etiquetas:
Antanas Mockus,
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lunes, 5 de abril de 2010
Ni padre, ni mesías, ni estrella de rock
Este post tiene como objetivo exponer mi primera razón, para decidir apoyar al profesor Antanas Mockus como presidente de Colombia y a la vez invitar a sus seguidores a reflexionar sobre la mejor manera de apoyarlo: basados en los argumentos.
Mi primera razón: un presidente NO es un papá
En Colombia tenemos una cultura democrática muy desafortunada, si es que a eso se le puede llamar cultura. Los colombianos no acostumbran a leer programas de gobierno, votan basados en caras y lemas de campaña, por eso, suelen dejar las decisiones ciegamente en manos del gobernante electo y posteriormente no tienen ni los argumentos, ni el conocimiento de las herramientas para evitar decisiones que los perjudican.
Por eso, votaron por el candidato que prometía "acabar con la guerrilla" aunque ello implicara someterse a situaciones sumamente negativas para el interés público en las áreas salud, agricultura y derechos humanos, entre otras. Los colombianos no están acostumbrados a elegir un presidente, sino un papá, que toma decisiones sin el concurso de los "ignorantes" hijos, quienes no tienen otra opción que someterse.
Sin embargo, el profesor Antanas Mockus, constituye una nueva y muy complicada opción para los colombianos, porque no habla de tomar las mejores decisiones ni de ser el ser humano y/o gobernante perfecto, sino aquella persona que tiene la capacidad y la voluntad para enseñarles a comenzar de una vez por todas a ejercer el papel que por obligación les corresponde: el de ciudadanos.
Por supuesto que esta es una acción bastante complicada, porque para cualquier ser humano es más simple elegir sin leer y luego quejarse, que tomarse el trabajo de entender las propuestas y votar a sabiendas de que va a desempeñar un papel en su cumplimento.
Pero si miramos en detalle, esta opción es, de lejos, la más benéfica aunque sea la más complicada. La única manera de no ser engañados, de llegar a consensos que beneficien a la mayoría y de alcanzar un desarrollo social sustentable, es logrando que la ciudadanía tenga un papel activo en las decisiones y en las acciones, un papel activo, consciente y argumentado que es el que Antanas Mockus propone con esa vaina que a todo el mundo le suena tan raro la "Cultura Ciudadana".
Y la reflexión...
Precisamente la campaña y el accionar de Antanas Mockus ha sido distinto al de los demás políticos, especialmente del actual presidente de Colombia, porque siempre se ha presentado ante la sociedad como un profesor que con su lúdica, a la que otros prefieren llamar "locura", pretende educar a los ciudadanos e invitarlos a hacer parte de la solución.
No se vende como un papá que toma decisiones por sus hijos impotentes y desamparados, tampoco como un mesías que viene a rescatarnos de las garras del terrorismo, ni mucho menos como una brillante estrella de rock. A estas últimas figuras, la gente las ama sin importar sus defectos y las defienden ciegamente de las críticas aunque estas estén bien fundamentadas, pero esa figura NO es la de Antanas, no es esa la que él propone y tampoco la que necesitamos ver nosotros para poder aprender y convertirnos en los autores de nuestro propio cambio.
Así que seamos coherentes, por favor. Si hemos de apoyar a Antanas Mockus, hagámoslo del modo adecuado: leamos sus propuestas, escuchemos los debates y ante todo, argumentemos. No empañemos con fanatismos una campaña que no los ha pedido y que es incompatible con ellos. Todos sabemos que él como candidato tiene sus pros y sus contras y como ser humano sus defectos y cualidades, pero que su potencial como gobernante es más grande que el de cualquier otro, no por sus propias fuerzas, sino porque es el único que se ha dado sinceramente a la tarea de ponernos a trabajar a todos y no endiosarse a sí mismo.
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