Mi primera razón: un presidente NO es un papá
En Colombia tenemos una cultura democrática muy desafortunada, si es que a eso se le puede llamar cultura. Los colombianos no acostumbran a leer programas de gobierno, votan basados en caras y lemas de campaña, por eso, suelen dejar las decisiones ciegamente en manos del gobernante electo y posteriormente no tienen ni los argumentos, ni el conocimiento de las herramientas para evitar decisiones que los perjudican.
Por eso, votaron por el candidato que prometía "acabar con la guerrilla" aunque ello implicara someterse a situaciones sumamente negativas para el interés público en las áreas salud, agricultura y derechos humanos, entre otras. Los colombianos no están acostumbrados a elegir un presidente, sino un papá, que toma decisiones sin el concurso de los "ignorantes" hijos, quienes no tienen otra opción que someterse.
Sin embargo, el profesor Antanas Mockus, constituye una nueva y muy complicada opción para los colombianos, porque no habla de tomar las mejores decisiones ni de ser el ser humano y/o gobernante perfecto, sino aquella persona que tiene la capacidad y la voluntad para enseñarles a comenzar de una vez por todas a ejercer el papel que por obligación les corresponde: el de ciudadanos.
Por supuesto que esta es una acción bastante complicada, porque para cualquier ser humano es más simple elegir sin leer y luego quejarse, que tomarse el trabajo de entender las propuestas y votar a sabiendas de que va a desempeñar un papel en su cumplimento.
Pero si miramos en detalle, esta opción es, de lejos, la más benéfica aunque sea la más complicada. La única manera de no ser engañados, de llegar a consensos que beneficien a la mayoría y de alcanzar un desarrollo social sustentable, es logrando que la ciudadanía tenga un papel activo en las decisiones y en las acciones, un papel activo, consciente y argumentado que es el que Antanas Mockus propone con esa vaina que a todo el mundo le suena tan raro la "Cultura Ciudadana".
Y la reflexión...
Precisamente la campaña y el accionar de Antanas Mockus ha sido distinto al de los demás políticos, especialmente del actual presidente de Colombia, porque siempre se ha presentado ante la sociedad como un profesor que con su lúdica, a la que otros prefieren llamar "locura", pretende educar a los ciudadanos e invitarlos a hacer parte de la solución.
No se vende como un papá que toma decisiones por sus hijos impotentes y desamparados, tampoco como un mesías que viene a rescatarnos de las garras del terrorismo, ni mucho menos como una brillante estrella de rock. A estas últimas figuras, la gente las ama sin importar sus defectos y las defienden ciegamente de las críticas aunque estas estén bien fundamentadas, pero esa figura NO es la de Antanas, no es esa la que él propone y tampoco la que necesitamos ver nosotros para poder aprender y convertirnos en los autores de nuestro propio cambio.
Así que seamos coherentes, por favor. Si hemos de apoyar a Antanas Mockus, hagámoslo del modo adecuado: leamos sus propuestas, escuchemos los debates y ante todo, argumentemos. No empañemos con fanatismos una campaña que no los ha pedido y que es incompatible con ellos. Todos sabemos que él como candidato tiene sus pros y sus contras y como ser humano sus defectos y cualidades, pero que su potencial como gobernante es más grande que el de cualquier otro, no por sus propias fuerzas, sino porque es el único que se ha dado sinceramente a la tarea de ponernos a trabajar a todos y no endiosarse a sí mismo.