Tal vez por eso iba un poco prevenida a la función de "El parcero del popular Nro. 8, en la Esquina del Movimiento" y como lo suponía, comenzó así: un grupo de muchachos recreando las vestimentas y el hablado típico de los chirretes (como se llamaba a muchachos de los barrios populares de Medellín en los ochenta). Sin embargo, este montaje fue más allá, muchísimo más allá.
Conjugando luces y escenografía, con la representación del grupo de jóvenes y las intervenciones de El Parcero como narrador central, se desenvolvía una historia absolutamente diferente a la sicaresca a la que nos tienen acostumbrados los poco creativos directores que han narrado la violencia de Medellín. Combinando elementos fundamentales de un barrio popular, como la religión, el fútbol, la droga, la música, la violencia, la vida y la muerte, este montaje cuenta una historia igual a todas, pero parecida a ninguna.
Es un cuento de muchos barrios de Medellín, de su pobreza y de su unidad. Un cuento en el que un grupo de muchachos decide montar una banda, pero no de ladrones ni de sicarios, sino de música y cual otra mejor, sino la salsa.
Es un poema sobre Medellín, el poema más hermoso que he escuchado, porque es el primero que no miente sobre las falencias de esta ciudad, sino que a la vez que narra nuestros males más tristes, nos demuestra que estamos en una ciudad maravillosa y muy humana que aún tiene esperanza, pero no la esperanza que venden los políticos a cambio de un plato de sancocho, sino la que habita en cada uno de los medellinenses aunque no sepan que en ellos están las soluciones.
Este montaje es además una fiesta, en el momento en que llegó a su clímax y yo sentí que se me empezaban a llenar los ojos de lágrimas de emoción, pensé "solo falta que la gente se pare a bailar" y bueno... eso fue, con exactitud, lo que sucedió.
Sólo me queda invitar a la gente que está en Medellín a que vaya a ver esta obra, que como su mismo director Róbinson Posada reconoce "no tiene pretensiones actorales ni musicales" pero que francamente estremece el corazón.
La vida es un viaje, no un destino